¡BASTA YA! Colombia por encima de todo – José Ricardo Bautista Pamplona – #Columnista7días

¡BASTA YA! Colombia por encima de todo - José Ricardo Bautista Pamplona - #Columnista7días 1Han transcurrido días de terror y espanto. Colombia se desmorona sin piedad, en medio de un pulso absurdo donde cada quien interpone el amor por este suelo con tal de salir airoso, en una torpe guerra alimentada por el odio, la cizaña, la arrogancia y las fuerzas oscuras que, tras la sombra, disfrutan de la triste contienda.

La televisión y las redes sociales nos muestran, una a una, las imágenes que evidencian un caos total donde las llamas, los asaltos, la masacre y la muerte se volvieron tristemente el pan nuestro de cada día.

Algunos medios de opinión contribuyen, arrimando leña al fuego, con la revelación de crónicas, entrevistas y debates convenientes para su rating y propósitos comerciales pero sus contenidos no ayudan a calmar los ánimos y por el contrario aumentan la polarización en una “patria boba” destruida entre sí, defendiendo nombres de personajes que, desde la comodidad de sus esquinas, contemplan el horror ocasionado por camufladas ideologías.

Todos han caído en ese maquiavélico juego y por eso unos y otros se provocan hasta lograr la caída del más incauto, propiciando su ataque y de esa manera justificar la arremetida, sustentada luego en una victimización quejosa multiplicada de inmediato en las plataformas digitales.

El mundo contempla aterrorizado desde la distancia lo que sucede en Colombia, el Santo Padre ha puesto en sus oraciones a nuestro suelo, en tanto que los organismos internacionales, como el de los derechos humanos, interviene con cordura ante un régimen desafiante y las voces de algunos congresistas que dicen tener todo en orden, promulgando la frase: «Aquí no pasa nada».

Los titulares incendiarios no paran, las acaloradas entrevistas se tomaron las parrillas de contenido de los noticieros, mientras que en el congreso se rasgan las vestiduras haciendo censuras y protagonizando actos bochornosos donde los agravios, las puyas y el irrespeto son el ejemplo que dan los “padres de la patria” a su pueblo para que luego, tan brillante comportamiento, se replique en las calles.

Y mientras las acaloradas controversias calientan los ánimos, en las regiones, así como en la capital de la república, se vive una desgarradora guerra y como dicen los españoles “se salió de madre” y le cogió ventaja a los que tienen la encomienda de gobernar los pueblos o encontrar soluciones ciertas para no solamente apagar las llamas de manera momentánea, sino construir las bases de una estructura sólida sobre la cual podamos avizorar salidas esperanzadoras.

Los jóvenes se tomaron las ciudades y muchos salieron del anonimato para protagonizar una telenovela de horror que, sin lugar a dudas, dejará sus nombres grabados con sangre en las dolorosas páginas de nuestra dolorosa historia. Otros levantan su voz para ser escuchados haciendo uso del legítimo derecho ciudadano otorgado por la frágil constitución colombiana, esa que nos habían metido el cuento, estaba muy bien diseñada de la cual nos ufanábamos cuando afirmábamos: «Somos un país democrático, libre y soberano».

Todos coinciden en concluir que hay fuerzas oscuras tras cada acto abominable de violencia y por eso las declaraciones de los bandos son las mismas, porque unos y otros se señalan con el mismo dedo inquisidor con el que pretenden tapar el sol.

¡BASTAYA! es la frase que tenemos que repetir al unísono.

¡BASTA YA! de afrentas y agravios

¡BASTA YA! de discursos mediáticos que desvaloriza cada vez más la palabra y se convierte en agua de estanco para las víboras.

¡BASTA YA! de entrevistas subversivas responsables del odio y la polarización.

¡BASTA YA! de retóricas incendiarias, mensajes en Twitter redactados fríamente por estrategas políticos o por quienes pretenden hacerse célebres en momentos de precandidaturas.

¡BASTA YA! de tanto odio que enceguece la mirada y no permite ver la luz de una salida concertada.

¡BASTA YA! de tanta arrogancia, frialdad y descaro camuflado en reflexiones falsas que tienen atiborradas las redes sociales y colapsados los chats de nuestros aparatos móviles.

Necesitamos con urgencia, soluciones a corto, mediano y largo plazo, requerimos de manera pronta desarmar los corazones e interponer los apetitos personales para escuchar a quienes realmente tienen propuestas reconciliadoras y plantean soluciones viables para diseñar una ruta optimista que nos lleve al otro lado de la orilla y nos ponga a salvo.

Urgen los puentes conciliadores que logren mediar y acercar el entendimiento entre los adversarios en un propósito masivo por reconstruir el país haciendo una pronta reingeniería a fondo y desde las bases porque quedó evidenciada la fragilidad de nuestra constitución y la enorme contradicción existente entre la letra muerta de sus capítulos y el día a día de los colombianos.

La doble moral enarbolada por los charlatanes manipuladores y hábiles de la palabra, está quedando también al descubierto porque se han empezado a conocer verdades ocultas para desenmascarar a los supuestos héroes de Colombia.

Es hora de pasar al único bando con perentoriedad manifiesta. El bando del entendimiento, del dialogo, de la serenidad y la cordura, del análisis frio sin acaloramientos, de soluciones coherentes en sintonía con la realidad de nuestra patria y la verdad de nuestra economía, por más decepcionante que sea.

Debemos, querámoslo o no, mirar hacia adelante y quitar el retrovisor que, si bien es cierto nos facilita el diagnóstico, nos envenena el alma y nos impide ver el horizonte donde esperan por nosotros las oportunidades y la conquista de nuevos escenarios de progreso y desarrollo.

Consultar a consagrados analistas estudiosos de las dinámicas de la economía en el mundo, es una válida opción porque ellos nos pueden ayudar en el restablecimiento de las finanzas, sin las cuales será imposible dar soluciones a corto plazo, especialmente a enfermedades como el desempleo, el paupérrimo salario mínimo, el irracional cobro de impuestos, la corrupción y el despotismo, esos males enquistados que no nos han posibilitado tener un país viable, y menos, una vida digna para todos.

«Paz se escribe con (n) de Pan» y sin ese sagrado alimento en nuestra mesa, será imposible detener la furia del pueblo que al parecer ya no come más cuento y ahora sí parece estar despertando con el manifiesto de un dolor y una rabia acumulada por muchos años, por eso debemos darnos prisa en la búsqueda de otra nueva vacuna,  pero esta vez la de la búsqueda de alternativas ciertas y planteamientos inteligentes para doblegar la palabrería, las ofensas, los maltratos, la división y las manipulaciones.

Si Egan Bernal nos dio un instante de pausa y en medio de la oscuridad nos dejó ver la luz con la alegría del triunfo de Colombia en el Giro de Italia, esa es entonces, una de las tantas señales enviada por la providencia divina para entender que sí se puede y se requiere de más jóvenes como éste, empoderados de su país, con disciplina y consagración al servicio de la cristalización de sueños colectivos.

Apremia la conformación de mesas de diálogos con profesionales calificados, imparciales, serenos, experimentados y probos vengan de donde vengan, para encontrar la cura y salvar esta bella tierra por la que palpita el corazón cuando a la meta llegan los nuestros con sus manos arriba en señal de victoria, o cuando se escucha el himno nacional en lo más alto del pódium.

Necesitamos más gregarios como Daniel Martínez para animar el paso y llegar pronto a la meta. Por eso ¡BASTA YA! – Colombia por encima de todo.