¿Cesárea innecesaria? – José Ricardo Bautista Pamplona – #Columnista7días

¿Cesárea innecesaria? - José Ricardo Bautista Pamplona - #Columnista7días 1Hace mucho tiempo quería escribir unas líneas para rendir tributo de admiración y respeto a esas mujeres de piel curtida, en cuyas manos se recrea la vida y el palpitar de nuevos latidos.

Las mujeres por naturaleza son sinónimo de sanación, porque si volvemos la mirada a tiempos atrás, hallamos que fueron las primeras médicas y anatomistas en la cultura occidental, también las primeras farmacólogas, caracterizadas por amasar la tierra y cultivar en las parcelas las hierbas sanadoras, pero ante todo, y para destacar el propósito de esta columna, ellas, las mujeres, fueron las comadronas andariegas que andaban de pueblo en pueblo propiciando la llegada de nueva savia y por eso las apodaban “mujeres sabias”.

El término nace de mater y matrix, que significa madre, mientras que del latín cum – matre se originan comadre y comadrona, en cuyo vocablo está implícita la función de acompañar el trance de la maternidad. En francés sage -femme y en alemán WiseFrau, por eso a quienes practican este oficio se les denomina partera que proveniente del latín partus.

Pero, más allá de las definiciones etimológicas ésta es una tradición relativamente reciente, ya que el parto no fue denominado como suceso patológico porque se catalogaba como un hecho natural del género y la comadre o partera era quien se encargaba de acompañar a su amiga a parir, tanto así que aún hoy, en pleno siglo XXI. hay quienes prefieren la asistencia de una partera a un servicio médico hospitalario.

En el siglo XVIII se desata la controversia, se lleva al plano político, científico y religioso y se empieza a negar la actividad de las parteras por considerarse un método poco confiable y riesgoso, dicho así por la medicina tradicional, debate que ha permanecido hasta nuestros días, por lo menos en lo científico, porque en otros campos la labor de estas mujeres fue elevada a la categoría de patrimonio, en tanto que el Observatorio Laboral y Ocupacional Colombiano, junto al  SENA, lo estudian cuidadosamente para reconocerlo como un oficio.

La partería es algo más que una atención obstétrica de la biomedicina, porque no es solamente la atención del parto, sino representa todo el acompañamiento a la gestante desde el momento que se da apertura a un nuevo latido y ese cortejo permanente de comprensión, consejos, cuidados, diálogo y “compinchería” es quizá el papel más importante desempeñado por estas mujeres durante el proceso de las nueve lunas.

El pulso entre lo tradicional y lo científico ha sido constante y es un tema espinoso que realmente no quiero abordar, porque por más menudo análisis, jamás vamos a encontrar razones suficientes para ponernos de uno u otro lado; sin embargo, es preciso destacar lo hecho por los organismos internacionales de salud al optar por la estrategia de capacitar a las parteras al considerarlas un recurso humano valioso donde resulta más provechoso, transmitirles conocimientos científicos que desconocerlas.

Son muchas las madres carentes de una asistencia médica y se estima que hoy, de cada 10 nacimientos en países en desarrollo, entre el 60 y 80% suceden fuera de los centros hospitalarios, porque las parturientas reciben ayuda de personas sin formación médica y en otros casos las mujeres deben dar a luz en solitario, sin auxilio alguno y en condiciones de precariedad.

Mientras continua el pulso entre lo permitido o no por la ley, respecto a las parteras, la mortalidad de bebes y madres es alarmante y resulta oportuno el reconocimiento de esta actividad a las mujeres dedicadas, por vocación a este oficio, y mucho más la capacitación a estas matronas.

Para no ir tan lejos ¿cómo podemos definir la angustia de una joven madre sin experiencia a la hora de atender al recién nacido? ¿No le causa pánico el hecho de no saber qué hacer cuando el bebé se atora a causa de las flemas? ¿y, no corre una hija en busca de su madre para pedir ayuda cuando algo así le sucede?, ¿acaso la experimentada progenitora tiene estudios científicos certificados para atender la emergencia y calmar la angustia de su hija, convertida ahora en novel en madre?

Pues bien, aquí como en todo se valora la experiencia, y es que eso es lo que prevalece en el caso de las parteras, un conocimiento nato otorgado por la divina providencia, cosechado en los talleres de la vida y repasado en los anaqueles del tiempo. Un conocimiento enigmático que, como en lo divino, la ciencia no ha podido descifrar, porque siempre faltarán argumentos lógicos para entender lo ancestral o la sabiduría popular.

El Consejo Nacional de Patrimonio Cultural dio concepto favorable para la inclusión en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial del ámbito nacional a los Saberes Asociados a la Partería Afro del Pacífico por definir esta manifestación como un conocimiento ancestral que se mantiene vigente a través del oficio de la Partería.

Esta inclusión a la Lista del Patrimonio de la nación visibiliza el oficio de las parteras y mediante el Plan Especial de Salvaguardia, PES, identifica las acciones y actividades a desarrollar para asegurar su preservación, como la de empezar a trabajar de la mano con el Ministerio de Salud para que esta práctica empiece a ser reconocida también por ellos.

Dice el PES: “Ésta es una manifestación cultural viva, que tiene una función social vigente entre las comunidades negras del Pacífico colombiano y que actualmente se encuentra amenazada por factores internos y externos que ponen en riesgo la sostenibilidad de la partería tradicional afropacífica”.

Pero, aunque se ha reconocido a las matronas del pacifico, es preciso recordar a aquellas mujeres dadoras de luz, ubicadas a lo largo y ancho de la geografía nacional porque cada día, gracias a ellas, en los más recónditos lugares de la ruralidad nacional se escuchan nuevos llantos coreados por el canto de los gallos, amén de unas manos ajadas posadas sobre el vientre de las maternas en la sagrada tarea de “parir la vida”.

En días aciagos como los que vivimos, cuando las clínicas y hospitales han colapsado y no hay la capacidad suficiente para atender la demanda de enfermos, a causa de la pandemia y las demás dolencias, resulta premonitoria la ayuda de las parteras para “dar una manito” y ayudar en esa loable labor de regalarle nuevas mañanas a la existencia.

En el plano personal, de mis cuatro tesoros, tres fueron recibidos gracias al servicio ético y oportuno de los médicos, mientras que el primer retoño llegó, gracias a Dios y al trabajo de una bella y maternal partera y bueno… yo también llegué a dar briega a esta vida mientras mi madre compartía a las 11:00 de la mañana de aquel abril, un chocolate caliente con la fiel e inseparable comadrona a quien mi madre llamaba su partera.