¿Y hoy qué celebramos? – Miguel Ángel Ávila Bayona

y hoy qué celebramosEn la historia de la humanidad están registradas las celebraciones de toda clase de hechos y acontecimientos de distintos orden y condición: solemnes, sagrados, épicos, carnavalescos, ecológicos, políticos, familiares, en fin, un conglomerado de difícil organización.

En cada uno de los días del año se conmemora un asunto que supuestamente le debe interesar a toda la humanidad o a un amplio colectivo cuando se trata de asuntos nacionales o regionales. Se celebra la vida, la muerte, lo hermoso, lo atroz, lo sublime, las carencias o la abundancia, la lucha o la pereza.

Las conmemoraciones seguirán; próximamente se celebrará el día del COVID-19, con la misma euforia o disforia con que se rememora una pérdida familiar.

Parece que las celebraciones tienen origen religioso. Por ser el cristianismo nuestra fuente de inspiración, que conmemora el nacimiento, la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, la institución de la eucaristía y los sacramentos, etc., y que luego de participar de tales solemnidades se pasa a compartir entre jolgorios.

El gusto por esto último, lo superficial, se quedó en el vulgo, en detrimento de lo esencial. Por tal razón, para la mayoría de ciudadanos ‘celebrar’ es sinónimo de diversión.

Al escolar le agrada celebrar el Día del Idioma y del libro porque evade la dolorosa clase de… A la barriada le encanta celebrar el Día de la Independencia o del grito por la misma, porque ese día no va a trabajar y se puede ocupar en la casa, en la tienda o en el paseo familiar. Esta lexía en forma de verbo o sustantivo, otrora digna y engalanada, se acomplejó de su valor original y optó por el placer y la diversión.

Entendible por cuanto el ser humano sabe, sin que se lo hayan dicho, que nació para ser feliz y la manera más fácil es esta.

Por supuesto que algunas personas prefieren creer que la celebración debe darse luego de superar el sufrimiento o alcanzar la meta anhelada.

A este grupo pertenecen el investigador, el creador, el servidor, el deportista. Infortunadamente también hacen parte de este último el político cuando logra saquear las arcas o evadir la justicia, el delincuente que acribilló a quien le impedía sus fechorías.

A quienes, en Hispanoamérica, cierto día de nuestra juventud, se nos antojó tomar el sendero de las humanidades y las letras, nos interesa tener muy presente el día 23 de abril para celebrar con sonrisas y degustar con la copa de la sabiduría en torno del arte de la palabra transcrita en libros que lentamente son reemplazados por bibliotecas virtuales.

Pero ignoramos el 21 de febrero, Día de la Lengua Materna, establecido por la ONU para rescatar y exaltar las lenguas nacionales que carecen de reconocimiento mundial.

Es tal la calidad de la obra de don Miguel de Cervantes, culpable, en buen momento, de que los hispanohablantes tengamos motivos para celebrar.

Sus estudiosos equiparan su obra maestra, ‘El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha’, con la Biblia y con la ‘Ilíada’ y la ‘Odisea’ de Homero.

En uno de tantos congresos de español y literatura, Rafael Moreno Durán, abogado y literato tunjano, demostraba que Homero y la Biblia contenían absolutamente todos los temas que la literatura podría abordar.

Con toda razón, el insuperable maestro de la imaginación, la palabra y el conocimiento del ser humano social, ético y psicológico, don Miguel de Cervantes Saavedra, estuvo y está al unísono de tal argumento e hizo eco de nuestro coterráneo, con insuperable calidad.

Para algunos latinoamericanos, este bonito recuerdo nos deja un sinsabor, nuestras lenguas indígenas tan valiosas lingüísticamente como el español o cualquier otro idioma.

Lenguas que por ignorancia o por subestimación (alguien dice que por racismo), algunos llaman dialectos. Dialecto es una variante de una lengua como el valluno, costeño, cundiboyacense, argentino, español (de España), etc., o el inglés de este y aquel país.

Para mayor claridad, cada hablante del español no habla la lengua española, sino un dialecto de la misma; mientras más raizal, se es más dialectal. Este se va modificando con la interacción cultural y la influencia de los medios masivos de comunicación, a veces cuando se asume las maneras del otro que impactan y dominan (coloquialmente se le llama levantado).

Lengua es una estructura gramatical que tiene sus propias sintaxis, fonología, morfología y semántica.

Además, sus usuarios pueden interactuar con mínimas diferencias, ante todo, en el significado; no necesitan hacer un curso para comunicarse. Es lo que diferencia a un idioma de otro. El portugués y el español, pese a ser semejantes, son lenguas diferentes, porque sus gramáticas tienen pocas coincidencias y sus respectivos usuarios no pueden comunicarse. Por tanto, las casi setenta lenguas indígenas de Colombia son lenguas, porque cada una tiene su propia gramática, etc.

Una buena celebración no puede ni debe quedarse desempolvando la historia. Para quien sabe lo que significa la lengua materna, la celebración ocurre todos los días. Se tienen propósitos sociales, culturales, científicos, artísticos, entre tantos otros, cuando se usa al hablar y escribir.

Políticamente, la lengua materna da identidad como el hispanoamericanismo, lo que conlleva creencias, valores, ideologías comunes; da estatus, como lo confirman quienes hablan otra u otras lenguas europeas que les da prestigio sobre el monolingüe.

La celebración del Día del Idioma debe proyectarse a seguirle dando vida a la palabra. El hablante escritor sabe que la lengua se transforma en su significado, como le ocurre a nuestra palabra celebración; en su estructura como en ¿qué hubo? que generó la expresión de saludo ‘quihubo’.

También sabemos que el éxito comunicativo en la oralidad y en la escritura depende, en buen grado, del léxico, la fonética y la estructura escogidos y fortalecidos con los recursos no verbales como la kinésica y la presentación física del interlocutor en la oralidad, o la calidad de la presentación del texto escrito. Y ¿cómo se logra hablar y escribir cada vez con más calidad? Sencillo, leyendo críticamente autoridades en el tema de preferencia.

El Día del Idioma no es el día del poeta o del lingüista; es el día del químico, del abogado, del ingeniero, del médico, del matemático, así como del padre de familia que desea lo mejor para su hijo y del hijo que muy pronto superará en sabiduría a sus padres y maestros.