Palabra, escritura y vida – Gustavo Torres Herrera

escrituraQuien escribe crea, imagina, transmite e idealiza en una blanca página su siembra de garabatos para el lector anónimo. La mente recoge el mundo inédito que se abre ante sus ojos en el azar de unos dedos que siembran pensamiento y que de acuerdo a la forma en que lo haga, lo revelará en su plenitud o lo ocultará para siempre.

El ejercicio de la escritura implica planeación de ideas dentro de un proceso de construcción lingüística que estructura pensamientos, con claridad al transmitir, de tal forma que no termine en una idea difusa de quien se expresa ni tampoco se pierda entre la niebla cerebral de la persona que lo lee.

Pero no se trata de forjar en renglones las palabras, sino saber indicar en forma asertiva lo que procesa la mente. Es que la palabra en el escritor es la semilla que permite florecer la idea que cultiva en un texto, cuyo aroma y sabor recoge la claridad del pensamiento si logra cautivar a quien lo escucha o interpreta.

La cosecha de letras en el escritor será fructífera cuando son cosidas en la memoria y replicadas en los labios que escudriñaron su aliento, y especialmente si deja renglones de conocimiento, criterio, o transporta al lector por entrañas, lugares y escenarios producto de la imaginación del creador de frases.

La importancia de la palabra está en la comunicación que permite formar un puente entre el pasado y el presente en la línea del tiempo y forma el hilo de la historia. En las letras que tejen el escrito donde se percibe el eco de la memoria. En el fruto de pensamientos que presentan la realidad del país, reflexiones del gobierno y hasta donde llega el Estado realmente.

Letras que subrayan tantas veces dolorosos caminos de lucha y sufrimiento. Grafos de protesta, reflexión y denuncia que ondean la bandera del inconformismo y la crítica social.

Renglones visibles de sentimientos como parte del ropaje del mundo que vivimos. Frases de poesía que idealizan lo anhelado y vivido, líneas de versos con protagonistas de sueños y remembranzas que muestran lo mejor de las virtudes y rostros sin las flaquezas propias de la naturaleza humana en escenarios que nacen o extinguen a su arbitrio.

Palabras que inventan caricias y se detienen en la sonrisa de unos labios en el vuelo amoroso del recuerdo, que invocan el himno de madres que iluminan con sus besos limpios las caras inocentes de sus hijos. Coro de voces invisibles de padres que edifican sus familias en el camino del ejemplo y la decencia.

Eco de notas musicales de verdad y reconciliación en la búsqueda de un pacto social que invita al despojo de la máscara social de la conveniencia y oportunidad, la misma que disimula angustias, esconde ideales y oculta la mirada que persigue un mundo solidario entre las sonrisas falsas y ausentes acciones ciudadanas.

Nuestro paso por la vida es una suma de lo anhelado, buscado y conseguido, pero donde solo queda el tiempo de lo realmente vivido, donde ojalá las nubes oscuras que mantienen la hojarasca de la tristeza en suelos húmedos de pérdidas que se llevan en el alma, se las lleve el viento de días diferentes y rescate el ánimo que mantiene la añoranza entre árboles dormidos de un cielo gris y melancólico con troncos secos como reflejo de las ausencias guardadas en el sentimiento.

Es mejor recordar el ayer como una hermosa reminiscencia en la campiña de la existencia, donde los trinos son vida de la floresta que permite ver en las páginas recorridas la luz de las palabras y frases con ideas maravillosas de los recuerdos buenos, igual que cuando se descubre la ruta encantada que deja la mariposa con su vuelo, las gotas de rocío que acarician los pies descalzos entre el aroma del mastranto, el tacto que reconoce distintas formas de vida, el gozo de la magia del oído en los cantos de las aves que danzan en el bosque y guardan sus nidos entre ramas que acarician los suspiros del viento, la expresión de unos ojos amorosos que abrigan compañía, el encuentro visual de las montañas verdes cuando el sol despierta la mañana y entre un vaporcillo gris se incendian rayos de ilusiones con el brillo de la vida.

Necesitamos más de las palabras para labrar sementeras que multipliquen las sílabas de una cosecha de esperanzas, apreciar que las letras recogen el perfume del bosque después de la lluvia, replicar la importancia del trébol del diálogo con reconciliación y convivencia, la tranquilidad que otorga el perdón desde el corazón para acabar con las miradas de odio en el mar del desencanto, superar las incertidumbres del velero de la paz, pasar la borrasca de la soberbia por la guerra, la zozobra del horror y la barbarie que tantas veces con la furia de sus olas golpea el acantilado del futuro incierto.

La escritura de la vida con palabras de responsabilidad social para alimentar la memoria colectiva y replicar la posibilidad de un futuro con justicia, dosis de verdad y sincero perdón, porque somos más que un forro de huesos con un altar de pensamientos, donde cada uno de nosotros es un mundo único e irrepetible que se identifica por los anhelos, conquista por sus sueños y trasciende con el ejemplo.