[Infografía] – 9 de abril de 1948 el día que un caudillo que se volvió leyenda

Hace justo tres años con motivo de la conmemoración de los 70 años de la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, el excongresista y exministro Alfonso Gómez Méndez, escribió para el periódico EL TIEMPO una pequeña biografía en la que le contaba a las nuevas generaciones quién fue Jorge Eliecer Gaitán, el caudillo del pueblo.

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“Justo por la escasa bibliografía existente sobre Gaitán –el agitador social más grande de nuestra historia–, las nuevas generaciones poco saben de su dimensión humana, profesional y política”, escribió para abrir su columna en la que prosiguió…

Hijo de un librero y una maestra de escuela, fue la máxima expresión de quien desde la pobreza se encumbra a la política en un medio donde las dignidades se heredan, y, como nadie, logró especial comunicación con las masas. No sin dificultades se graduó como abogado en la Universidad Nacional con tesis laureada sobre ‘Las ideas socialistas en Colombia’.

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Infografía Boyacá Sie7e Días.

Lector voraz, alcanzó gran nivel humanístico, fundamento esencial de su insuperable oratoria. Desde adolescente se había inclinado por la política hablando como espontáneo en el funeral de un combatiente de la guerra de los Mil Días. En época en que no era fácil especializarse en el exterior, con sus ahorros de penalista exitoso viajó a Roma, donde brilló como aventajado discípulo del renombrado Enrico Ferri con el trabajo titulado ‘Un criterio positivo sobre la premeditación’.

Al regreso, se convirtió en gran abogado litigante y respetado profesor. No fue comunista ni marxista, si bien conocía como pocos la literatura política de Marx y Engels, algo que probó al advertir que el principal problema de la Nación eran las inequidades sociales y al desarrollar un cuerpo de doctrina política que hoy podría asimilarse a la socialdemocracia.

Militó en la izquierda del liberalismo. Muy joven llegó a la Cámara de Representantes, y su figura enhiesta se catapultó cuando hizo el debate contra el gobierno conservador por la masacre de las bananeras en diciembre de 1928, episodio recreado por García Márquez, en Cien años de soledad. Mucho incidió ese debate en el fin de la hegemonía conservadora.

Desde entonces, se convirtió en el adalid de las causas sociales, que defendía con electrizante verbo. Por considerar que su partido no se alineaba plenamente con las luchas sociales, en 1933 fundó la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria. Derrotado en elecciones por las maquinarias de esa época, volvió al oficialismo liberal sin abandonar su ideal revolucionario.

Sus conferencias en el Teatro Municipal eran seguidas ampliamente y transmitidas por radio, lo mismo que sus debates magistrales sobre control político. Además de excelente parlamentario –temido por los ministros–, tuvo experiencia administrativa como alcalde de Bogotá y ministro de Trabajo y Educación durante el régimen liberal.

Su origen popular, tesón, disciplina, comprensión del mundo y contacto con el pueblo lo tenían destinado para ser presidente. Se lo impidieron, primero la división liberal, que permitió la elección de Ospina Pérez en 1946, y luego su asesinato durante ese mismo régimen.

La impresionante ‘marcha del silencio’, en febrero de 1948, pidiendo cesar la violencia contra el liberalismo, asustó a la que él llamaba “oligarquía liberal conservadora”. Levantado de la derrota, en las elecciones de 1947 se convirtió en jefe único del Partido Liberal. A la usanza de entonces, vencido Eduardo Santos, antes que quedarse con el partido, le entregó las llaves de la dirección liberal a Gaitán, quien se adelantó a su tiempo con propuestas como la elección popular de alcaldes, el voto de la mujer y soluciones sociales planteadas en la Plataforma del Colón de 1947.

Su crimen desencadenó la violencia de la cual no hemos salido. Su pensamiento político está vigente. Según Gloria, su hija, muchos se han dedicado a ‘gaitanear’, pero no a hacer realidad su legado ideológico.

El asesinato que cambió la historia de Colombia

Un magnicidio que jamás olvidará la historia colombiana. Ocurrió un viernes, 9 de abril de 1948; el caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán se encontraba en su despacho con Plinio Mendoza Neira, Pedro Eliseo Cruz, Alejandro Vallejo y Jorge Padilla.

Se dirigieron a almorzar a la 1:00 p.m. y, cuando salieron del ascensor, Mendoza Neira tomó del brazo a Gaitán y se adelantaron al resto de personas; al llegar a la puerta, Juan Roa Sierra aparentemente dispara sobre el político.

Tres balas impactaron el cuerpo de Gaitán, que falleció pocos minutos después en la Clínica Central mientras su amigo, el médico Pedro Eliseo Cruz, procedía a efectuarle una transfusión de sangre.

Los que presenciaron el evento persiguieron al Sierra; un funcionario de la Policía, para intentar protegerlo de la multitud que lo perseguía, lo introdujo en una droguería que se encontraba no muy lejos del lugar del magnicidio. Cuando empezó a interrogarlo, el joven solo decía: “¡Ay, Virgen santísima!”, dando muestras de nervios y angustia.

La multitud penetró en la droguería y golpeó a Roa Sierra hasta matarlo; posteriormente, lo arrastraron por toda la carrera séptima hasta las escalinatas del Capitolio Nacional, donde dejaron su cadáver. Estos hechos llevaron a la revuelta nacional en contra del gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, a quien le exigían la renuncia.

En las primeras horas del 10 de abril de 1948, un día después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, las calles de Bogotá estaban desocupadas, salvo por algunos soldados que llegaron de Boyacá.

“Envuelto en sábanas ensangrentadas y papel periódico, mamá y Pedro Eliseo Cruz solos, pues nadie más se había quedado en la clínica, sacaron el cuerpo de mi padre ya embalsamado por el basurero de la clínica; el edificio había sido rodeado por el Ejército para impedir la salida del cadáver desde el momento mismo en que mi madre manifestó su deseo de velarlo en su casa, esperando hasta que cayera (el presidente) Mariano Ospina”, relató Gloria Gaitán, hija de Jorge Eliécer Gaitán, en un texto para la revista Credencial Historia.

“Era sábado, cuando normalmente se trabaja medio día, pero las instrucciones de la Radio Nacional eran permanecer en casa. Continuaba la huelga general. Los empleados de los bancos y del gobierno sabían que las oficinas no irían a funcionar, los recolectores de basura comprendieron que ese día no empezaría su monumental tarea”, relató el historiador Herbert Braun.

*Con información de EL TIEMPO