‘La minería de esmeraldas es diferente a las demás’, Charles Burgess

El presidente de Esmeraldas Mining Services (EMS), empresa que hace parte de las Compañías Muzo Colombia, habló del sector de las piedras preciosas en el país.

Charles Burgess, presidente de Esmeraldas Mining Services (EMS), empresa que hace parte de las Compañías Muzo Colombia. Foto: archivo particular

La pandemia y la emergencia económica, social y ecológica que decretó el Gobierno nacional implicó limitar en forma muy drástica la cantidad de mano de obra en la mina Puerto Arturo, ubicada en el municipio de Muzo.

Esta explicación la dio Charles Burgess, presidente de Esmeraldas Mining Services (EMS), empresa que hace parte de las Compañías Muzo Colombia, durante un panel sobre minería.

Agregó que, se implementó un programa para mantener a los empleados con un porcentaje de su pago, aunque no estuvieran trabajando.

Dijo que esto se vio agravado, además, por el colapso casi total del mercado de gemas en el mundo, debido a la limitación de vuelos para exportar el producto, lo que condujo a que no se presentara prácticamente ninguna venta.

“Hoy en día la situación está llegando lentamente a la normalidad; ya fue posible poner unos escuadrones de obreros a trabajar y estamos de nuevo planeando inversiones de capital para modernizar la mina; aunque no ha sido fácil, estamos solucionando las problemáticas presentadas”, indicó el empresario.

Charles Burgess habló también de la manera como es percibido el sector esmeraldífero desde el Gobierno, el cual compara la operación de producción de esmeraldas con la de otros tipos de minería, lo que acarrea obligaciones en materia de regalías e impuestos que no corresponden a la naturaleza de la actividad de esta industria.

“Nuestra situación es un poco diferente de los demás. La esmeralda no es un commodity, es un mineral cuyo precio en el mercado fluctúa cada día, dependiendo del comprador, y tenemos además diferentes reglas para la explotación: no podemos, por ejemplo, usar maquinaria pesada en la producción, solamente para mover la carga; se requiere mucha mano de obra e, incluso, hay cierta especulación en su producción: se sabe muy bien cuánto se está gastando, pero no cuánto producto va a salir, ni su calidad, ni el precio que tendrá en el mercado. Para otros productos, como el carbón o el petróleo, es posible calcular con mayor certidumbre el tamaño de las reservas, cuánto va a costar su producción y, por ende, cuál va a ser su precio. Por ello, consideramos que no ha sido justo que se compare nuestra actividad con la de otros tipos de minería”, afirmó.

Según Burgess, uno de los problemas de que no haya una clara diferenciación de la minería de esmeraldas frente a las demás, es que pone en riesgo al sector, en el sentido de que, debido a las obligaciones que esto conlleva, es casi imposible convencer a grandes compañías a que inviertan, a lo que se suman otros factores, como la reputación de la zona.

“La única forma de hacer mucho más grande esta industria en Colombia es a través de la inversión, sobre todo la extranjera. Es muy importante que el Gobierno reconozca esa realidad y trabaje con nosotros para llegar a soluciones justas, para las dos partes”, recalcó.

Medioambiente y relación con la comunidad

Burgess se refirió, igualmente, a las prácticas ambientales de la empresa que lidera, y resaltó su programa de reforestación, cuyo fin es recuperar el área que se vio afectada décadas atrás, cuando la actividad minera de esmeraldas en la región era a cielo abierto y no tenía ningún control ambiental.

Explicó que desde la década de los 50 a los 80, por lo menos en la zona de Muzo, había un aproximado de 25 buldóceres tumbando montañas enteras, práctica que concluyó en los 90 cuando se implementó la minería subterránea.

“Si alguien viene a la mina, lo que básicamente va a encontrar es naturaleza, y eso es lo que queremos seguir fomentando”, añadió el empresario.

En materia de la relación de la empresa con la comunidad, Burgess llamó la atención en los índices de pobreza en el Occidente de Boyacá, algunos que alcanzan incluso el nivel de pobreza extrema, y puso énfasis en el trabajo que hace EMS con las alcaldías y la Gobernación para contribuir a aliviar esa realidad.

“La comunidad, sin embargo, espera demasiado de la compañía, y aunque nosotros tratamos de dar lo más que podemos, la verdad es que ninguna empresa puede remplazar al Estado. Nosotros no podemos financiar nuevas escuelas, carreteras, agua potable o puestos de salud, pero sí podemos colaborar y lo estamos haciendo, todos los días. Lo que necesitamos es una labor a nivel departamental, municipal y nacional, y estamos ayudando a coordinar estas gestiones”, dijo.

Puso como ejemplo de esta realidad la ausencia de una carretera desde Bogotá hasta el municipio de Muzo, lo cual implica que la empresa cada semana deba enviar su maquinaria para mantener la vía pública en el estado mínimo de operación, y aunque aquella no sea una tarea de una compañía privada, es parte de su aporte a la comunidad.

Con respecto al personal que opera en la mina, que también hace parte de la comunidad, porque además proviene de la misma región, Charles Burgess mencionó que se trata de personas que, antes de ingresar a la compañía, vivían de la minería informal o eran guaqueros, pero que hoy, a pesar de la dificultad que representa en su cultura pasar de un sistema de rebusque a un sistema de sueldos fijos, de beneficios y de disciplina, hoy son empleados formales de la empresa, lo cual al mismo tiempo significa un impacto positivo para la provincia en general.