Culminó la Semana Santa del aquí y el ahora – José Ricardo Bautista Pamplona – #Columnista7días

Culminó la Semana Santa del aquí y el ahora - José Ricardo Bautista Pamplona - #Columnista7días 1Ha culminado la Semana Mayor del 2021, unos días inéditos para todos y adaptados a las nuevas normas de vida que, a la fuerza le ha tocado aceptar a la humanidad, a causa de una minúscula partícula que cambió el rumbo del universo. 

Como ha sido costumbre desde el inolvidable mes de marzo del 2020 en Colombia, el tiempo ahora es oro y ya no hay espacio para la quietud por cuanto asistir a cada sesión virtual es un punto fundamental de la agenda diaria y más si toca entrar con cámara y entonces se debe lucir un aspecto estético, así sea de la cintura para arriba.  

Asistimos de manera virtual a verdaderas celebraciones de reflexión lideradas por la iglesia católica, donde pudimos escuchar profundas disertaciones como las del Papa Francisco, o las de los obispos y sacerdotes que intensificaron su accionar subiendo a la red en tiempo real cada liturgia y cada instante de la pasión y muerte de Jesús.  

Por su parte las alcaldías y organizaciones no gubernamentales llevaron también a la virtualidad sus recitales, conciertos, obras de teatro, exposiciones, festivales y un completo menú para difundirlo por las plataformas con la esperanza de ganar audiencias y sobresalir en el hoy competido y atiborrado mercado de las redes. 

En Boyacá fueron muchas las programaciones culturales que acapararon la atención de los cibernautas, como la que lideró la alcaldía de Tunja del médico Alejandro Fúneme González, organizada desde la Secretaria de Cultura y Turismo de la ciudad y escenificada desde el Teatro Mayor Bicentenario con la puesta en escena de jornadas de muy alto calado y la presencia de una excelsa nómina de artistas que hicieron las delicias de los que tuvimos la oportunidad de estar conectados con la variada agenda donde hubo espacio para la música, la danza, el teatro, las artes plásticas y la academia.  

En otros destinos como Paipa, Sáchica, Pueblito Boyacense, Busbanzá, Mongua por mencionar algunos, además de la programación artística, se volvió a escenificar la Semana Santa en vivo, pero en esta oportunidad con aforos muy limitados y grabaciones que luego fueron transmitidas por las congestionadas plataformas digitales; en tanto que en iglesias emblemáticas como las basílicas de Chiquinquirá y Monguí o las Catedrales de Duitama y Sogamoso se desarrolló, además de las tradicionales ceremonias de la época, interesantes momentos culturales protagonizados por artistas, tanto locales como regionales. 

Nunca antes el viacrucis de Jesús se había recreado y llevado a las tablas tantas veces como en esta ocasión porque desde teatros, plazoletas y parques se hicieron las filmaciones de la historia de Cristo, protagonizada por actores expertos o en proceso de formación y en otras ocasiones por personas del común que asumieron el roll de los personajes que protagonizaron los tiempos en que la llegada del Hijo de Dios marcó para siempre el rumbo de la historia.  

En los hogares la gastronomía hizo de las suyas porque, no como ahora, se había tenido la oportunidad de estar en familia tanto tiempo y sobre todo servir a horas los exquisitos platillos sin tener que esperar a los que encabezan la mesa o a quienes acostumbraban a llegar tarde por estar en otras «faenas» ajenas a la celebración de la Semana Santa. 

Boyacá Sie7e Días consultó a sus lectores sobre los platos de tradición en la Semana Mayor y entonces de todos los rincones del departamento y del país llegaron fascinantes recetas, muchas de ellas desconocidas, que pronto se convirtieron en taller de práctica para deleitar el paladar con noveles sabores. 

Algunas familias prefirieron arriesgar el todo por el todo y salieron del confinamiento para recorrer las carreteras colombianas y buscar otros destinos donde pasar los días sagrados y se pudiera decir que en algunas ciudades el turismo se reactivó de manera discreta y los comerciantes lograron recuperar modestas sumas con las que se avizora esperanzas de reactivación y recuperación de lo hasta ahora perdido. 

Cada quien hará su propio balance, pero ésta definitivamente fue una semana que marca una línea divisoria del antes y después de la pandemia y nos deja grandes reflexiones, quizá para poner en práctica y entender que ya nada será como antes porque el hoy y el ahora son otros tiempos que debemos vivir intensamente. Tiempos de recuperación, de reingeniería espiritual, de adaptación, de empezar de nuevo, de buscar más fórmulas para ser felices, en fin… de aceptar que, en medio de este fascinante planeta, somos apenas minúsculas y pasajeras partículas, como el virus mismo que apareció de repente para transformar los hábitos de nuestra existencia.

Deseo finalizar esta columna trayendo una de las maravillosas disertaciones del Papa Francisco en su homilía del Viernes Santo que reflejan el espejo de este inédito momento que, sin duda, marca el inicio de otras páginas escritas en esta nueva e inevitable historia.

«Puedes tener defectos, estar ansioso y vivir enojado a veces, pero no olvides que tu vida es la empresa más grande del mundo, y sólo tú puedes evitar que se vaya cuesta abajo.

Muchos te aprecian, admiran y te aman, pero si pensabas que ser feliz es no tener un cielo sin tormenta, un camino sin accidentes, trabajar sin cansancio, relaciones sin desengaños, estabas equivocado.

Ser feliz no es sólo disfrutar de la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza, no sólo es celebrar los éxitos, sino aprender lecciones de los fracasos, no es sólo sentirse feliz con los aplausos, sino ser feliz en el anonimato.

La vida vale la pena vivirla, a pesar de todos los desafíos, malentendidos, y periodos de crisis. Ser feliz no es una casualidad del destino, sino un logro para quien logra viajar dentro de sí mismo.

Ser feliz es dejar de sentirse víctima de los problemas y convertirse en el autor de la propia historia, atravesar desiertos fuera de ti, pero lograr encontrar un oasis en el fondo de vuestra alma.

Ser feliz es dar gracias por cada mañana, por el milagro de la vida, ser feliz es no tener miedo de tus propios sentimientos, es saber hablar de ti y tener el coraje de escuchar un «no».  Es sentirse seguro al recibir una crítica, aunque sea injusta, es besar a los niños, mimar a los padres, vivir momentos poéticos con los amigos, incluso cuando nos lastiman.

Ser feliz es dejar vivir a la criatura que vive en cada uno de nosotros, libre, feliz y sencilla y es tener la madurez para poder decir, «me equivoqué», o   tener el valor de decir, «perdón», significa tener la sensibilidad para decir «te necesito», significa tener la capacidad de decir «te amo», y que tu vida se convierta en un jardín de oportunidades para ser feliz.

Que tu primavera sea amante de la alegría, que seas un amante de la sabiduría en tus inviernos, y cuando te equivoques, empieza de nuevo desde el principio pues sólo entonces te apasionará la vida.

Descubrirás que ser feliz no es tener una vida perfecta, pero el uso de las lágrimas es para regar la tolerancia. Utiliza las pérdidas para entrenar la paciencia, usa errores para esculpir la serenidad y usa el dolor para pulir el placer.

Usa obstáculos para abrir ventanas de inteligencia, nunca te rindas, nunca te rindas con las personas que te aman, nunca renuncies a la felicidad, porque la vida es un espectáculo increíble”.