Cecilia Téllez, la primera contagiada con COVID-19 en Boyacá, cuenta el infierno que tuvo que vivir tras su positivo para el virus #LaEntrevista7días

De una manera fácil, sin rencor y sin resentimientos, eso sí con algo de humor negro, María Cecilia Téllez Ortiz, la primera contagiada con coronavirus en este departamento relató los hechos que calificó como ‘un infierno’ tras conocerse el resultado de su prueba. Dice que literalmente las autoridades y la comunidad la secuestraron en su casa por casi seis meses, que aún hoy la señalan y la estigmatizan, que estuvieron a punto de quemarla viva.

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María Cecilia Téllez Ortiz, la primera contagiada con coronavirus en este departamento relató los hechos que calificó como ‘un infierno’ tras conocerse el resultado de su prueba. Foto: Javier Sneider Bautista / Boyacá Sie7e Días.

¿Cómo se contagia usted con el coronavirus?

Yo estaba trabajando común y corriente me toca viajar mucho, entonces estuve en la isla de San Bernardo (Cartagena), pero de ahí salí para una finca en los llanos del Casanare, el Eje Cafetero y allá me sentía mal, me sentía como incómoda como muy cansada, muy cansada al regresar a Bogotá le digo al jefe que yo estoy como como con dolor de cuerpo, entonces, me dijo: “No, lo que pasa que estás cansada porque hace mucho tiempo no descansas”.

¡Y ahí regresa a Santana!

Me vine a descansar salí del trabajo y tuve que hacer unas vueltas en Bogotá, estuve como en Bancolombia, Davivienda visité a mi hija y luego ya me vine acá a Santana, a donde viajo cada 20 días porque aquí está mi esposo. Yo trabajo 22 días de seguido y descanso 8 días.

¡Y acá se da cuenta de que está contagiada!

Sí. Yo llegué el 19 de marzo en la noche, salí volada porque cerraban la ciudad con ese tema del simulacro ¿recuerda? Y cuando estoy aquí entonces sigo con el malestar, un malestar muy anormal, no como todos los normales sino dolor de piernas como las articulaciones me dolían los hombros toda la espalda, pero no me imaginaba que fuera el COVID.

¿En dónde y quién la pudo haber contagiado?

Yo había estado en todo ese tour que hice con un matrimonio de África, de Kenia. Entonces le conté a una prima acá en Santana y ella me sugirió llamar a hospital de aquí del pueblo. El 22 llamamos y conté que tenía eso, vinieron el 23 y me tomaron la muestra que dio positivo. Al descubrir, que yo tenía el COVID, se hizo una comunicación para avisarles a la pareja y ella, la señora ya estaba hospitalizada. No supe si moriría, pero ella fue la que me contagió a mí y a mis jefes con los que yo no había tenido contacto presencial por esos días, pero la señora turista sí. No fue cualquier COVID el que tuve, fue uno importado de África.

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La mujer, quien presta servicios ejecutivos de enfermería se contagió por estar trabajando para una pareja que venía procedente de Kenia. Foto: Archivo Particular

¿Qué pasa de ahí en adelante?

Pues comenzó el infierno para mí. Se prendieron las alarmas en todo el departamento. Esto se pone terrible se complica la situación pues por acá hay mucho trapiche de panela mucho molino y tuvieron que parar todas las moliendas, o sea se trancó todo por mi culpa.

¿Quién le dio la razón de que estaba contagiada de COVID-19?

Estábamos adentro en el cuarto, mi esposo estaba ahí sentado escuchando radio y de repente se levanta todo asustado y me dice “¡dio positivo el examen porque dijeron Cecilia Téllez”, pero además lo nombraron a él, dijeron Luis Eduardo Camacho o sea dieron nuestra identidad cuando eso estaba prohibido y no contentos con eso dieron la ubicación de nuestra casa, la vereda y señalaron que era en la junta de los dos ríos que ahí vivía yo. Unos irresponsables completos, me pudieron hacer matar.

¡Y ahí sí comenzó el infierno para usted y su esposo!

Impresionante, eso comenzó un terror completo: la incivilización o no sé qué, pero decían inclusive que yo me tenía que morir. Empezaron a publicar en los medios fotos mías, de un momento a otro todo el mundo tenía fotos mías para publicar en Facebook, en WhatsApp, por todo lado. Me comenzaron a amenazar y todo el mundo se dio cuenta que mis hijas vivían en México y en Bogotá. Comenzó a circular entre la gente el cuento dizque el COVID se le metía si miraban a la persona que estaba contagiada, entonces la gente pasaba sin mirar, los pocos que pasaban porque no era mucha la gente que pasaba, por aquí esto quedo como un cementerio, un desierto abandonado.

¿Y qué fue lo que más le sorprendió?

Que me llamó hasta el gobernador de Boyacá y el Alcalde de Santana a decirme que me quedara encerrada, que no viéramos televisión que no prendiéramos luces, que sí podíamos le pusiéramos madera a las ventanas y que corriéramos las camas, que las retiráramos de la ventana, el problema es que las camas son de cemento y no se pueden correr, les dije entre risas. La verdad es que no podía creer lo que me estaban diciendo.

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Este es el facsímil de la primera prueba positiva para el departamento de Boyacá entregada por el Instituto Nacional de Salud. El resultado se conoció el miércoles 25 de marzo de 2020. Foto: Archivo Particular

¿Y Porque la mandaban hacer todo eso?

Porque por todas las redes estaban y hasta en medios de comunicación estaban amenazandome que era una tal por cual, que era no sé qué, que era una irresponsable por andar de paseo recogiendo el virus para traerlo, sin saber que ese es mi trabajo.

¡Sintió miedo en algún momento!

Casi no. Nunca tuve miedo a la enfermedad, bueno también creo que es por mi estado de ánimo. No le tuve miedo al COVID, aunque veía que sacaban muertos en cantidades de los hospitales en el mundo para el cementerio. Seguramente no sentí miedo porque no sentía tanto malestar, pero si hubo momentos en los que contaba los minutos y las horas y los días. Yo no me asustó con cualquier cosa dicen quienes me conocen, pero sí sentí miedo una noche que vinieron a matarnos, dizque a quemarnos.

¿Y qué decían las autoridades de esas amenazas esporádicas?

Esporádicas no, fueron todo el tiempo. Desde el momento que salió positivo el resultado del examen comenzaron las amenazas. Me llamó el Alcalde de Santana para decirme que venía el ESMAD, que el Gobernador lo había llamado y que eso era lo que había dicho, que el ESMAD iba a estar pendiente para protegernos. Eso fue a raíz de una noche que se registró una revuelta motorizada. Fue terrible, llegaron un poco de gente en motos, se oían mujeres y hombres. Esa noche, sentimos miedo con mi esposo.

¿Y que venían a hacer?

Pues yo creo que no era a saludar (risas). Nos gritaban cosas, me amenazaban que le echaban gasolina a la casa, que me voleaban piedra, que y si vinieron las motos pero, pero inmediatamente al Alcalde le avisaron que habían bajado una cantidad de motos y mandó el ESMAD. Esos uniformados tuvieron que durar un poco de tiempo yendo y viniendo, eso sí llegaban a unas cuadras de aquí. Les daba miedo arrimarse y eso que tenían armaduras y escudos, no fuera que yo los fuera a infectar.

¿Y cuánto tiempo duró encerrada?

No sé qué fue peor si el que vecinos, paisanos y gente que ni era de aquí del pueblo me desearán la muerte, o que tuviéramos que durar casi seis meses encerrados. Los vecinos y gente del sector ni siquiera pasaban por cerca de nuestra casa, hicieron un camino por allá por detrás y hasta preferían meterse por entre los cañaduzales, antes que pasar siquiera cerca de mi hogar. Pero además, aunque ya llevaba un mes, es decir que ya era negativa, ni llamando a la alcaldía, ni llamando al hospital, me quisieron autorizar a salir de mi casa.

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Esta boyacense, oriunda de Santana asegura que no ha tenido ninguna secuela de la enfermedad, que no tuvo problemas pulmonares, ni tuvo que tomar una sola medicina para curarse. Foto: Yecid Medina / Boyacá Sie7e Días.

¿Cómo se alimentaban entonces?

Hasta hierbas y matas tuvimos que comer. Por el radio decían que dizque estaban ayudando a la gente con mercados, pero a nosotros ni nos botaban nada, ni nos compraban nada, aunque teníamos plata, nadie nos vendía nada, no podíamos darle plata ni a los de las motos. Lo que nos salvó fue un señor que un primo me mandaba de Santana, venía y me dejaba las cosas colgadas ahí en los árboles, en los palos de la cerca, recogía la plata y uno tenía que esperar a salir a recoger ahí. Pues comíamos huevos, él (mi esposo) mataba pollos día tras día. Caldo de pollo como la señora recién tiene bebé. Hubo como cuatro o cinco personas que nos enviaban pues lógico que en seis meses tenían que habernos enviado muchísima comida para poder sobrevivir. Por allá al final la alcaldía nos hizo llegar un mercadito, pero nada más.

¿Qué medicamentos tomó?

A pesar de que soy enfermera y tengo conocimientos básicos de las medicinas, no tomé medicamentos. Yo sentía malestar, mi esposo me sobaba las piernas, los brazos, él me hacía muchísimas aguas de hierbas, de matas, muchos remedios caseros, muchos caldos. Me daba agua de sábila hervida y por eso se me fue pasando. Duramos con mi esposo, los dos solos, encerrados.

¡Tuvo algo bueno ese encierro para usted!

Pues muchas cosas buenas en sí, la pandemia no ha sido del todo mala para mí, yo me quedé acá con mi esposo todo el tiempo y descansamos como para toda la vida. Ahí no podíamos hacer nada, ya como a los 6 meses, mi esposo fue a trabajar como hasta septiembre o algo así y los obreros se fueron del corte, del trabajo, porque si él iba tenía que trabajar sólo porque no dejaban trabajar a nadie. Entonces le tocó, no ir más a trabajar y después fue como por turnos, pero entonces era humillante porque le llevaba la comida a él aparte, lejos de las personas. Hoy parece algo fácil y chistoso de contar, pero no fue fácil de vivir.

¿Y no tuvo que ir al médico, a ningún centro asistencial!

Jamás. Pero mire que como le tomaron exámenes a todas las personas que habían estado muy cercanas a mí, en esos días la ambulancia bajó al sector y publicaron que yo me había agravado y que me habían tenido que trasladar a Moniquirá. Y no sólo eso, dijeron que me había muerto. Yo alcancé a morir, me mataron en las noticias. A mis familiares les llegó la noticia de que yo había muerto de COVID y yo estaba aquí muerta, pero muerta de la risa.

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Doña Cecilia jamás olvidará que fue secuestrada por la comunidad y las mismas autoridades en su propia casa en la vereda San Juan de este municipio de la provincia de Ricaurte, en límites con Santander. Foto: Javier Sneider Bautista / Boyacá Sie7e Días.

¿La llamaron para cobrarle deudas?

¡Claro que sí! Por ejemplo, me llamaba financiautos, estoy pagando un carro y me dijo una señorita “ay, señora, lo que pasa es que no ha pagado la cuota” y le dije pues me tienen secuestrada en mi casa pero si quiere venga por el carro, que aquí está y le encimo el COVID, yo fui la primera contagiada de Boyacá. Con decirle que yo duré sin trabajar hasta noviembre. Mi empresa para la que trabajaba y en la que llevaba nueve años me canceló el contrato porque como yo no había podido volver por el COVID, es como si hubiera quedado contagiada de por vida, porque ni en la Policía, ni en la alcaldía, ni el médico en el Hospital, ni nadie me dio una licencia para salir, pero es que además, ni una incapacidad médica existió, fue algo absurdo.

¿A cuántas personas cree que alcanzó a contagiar?

No contagie a nadie y de eso estoy segura. Yo había estado en Bogotá, donde mi cuñado, al comienzo pensamos que yo lo había contagiado. Él se enfermó, se agravó, pero de otra dolencia y en el primer examen que le hicieron en la clínica era negativo para coronavirus, o sea, me salvó de esas, no se lo contagié, sin embargo, él murió, pero parece que fue de leishmaniasis, pero como en esta época que estaba tan pesada, según los médicos todo el mundo moría de COVID, sin interesar de qué hubiera sido. Yo tuve contacto con muchas personas, pero no se les prendió. Es que Dios es más grande, menos mal ninguno de los vecinos se contagió, me hubieran quemado viva yo creo.

¿Usted nació y estudió en Santana?

Yo nací hace 58 años aquí en Santana, estudie aquí en esta escuela que está cerca a mi casa. En la escuela Miravalle y luego pasé al colegio Antonio Ricaurte, luego en Bogotá estudié un técnico en enfermería y tengo varios diplomados con el hospital Militar y actualizaciones. Tengo además un diplomado en México, en la Ciudad de México. Yo soy casada. Tengo tres hijos ya adultos: mi hijo mayor y mis dos hijas, la mayor de ellas que vive en Bogotá también presta servicios ejecutivos, somos varias personas de la familia, que prestamos servicios ejecutivos a personas de alto nivel.

¿Cuáles son sus servicios? ¿Qué hace en su trabajo?

Soy enfermera ejecutiva. Acompaño a altas personalidades, hago parte de su comitiva y así como llevan escolta y otros servicios, yo me encargo de su salud. Tengo su historia clínica donde dice que ese señor o la señora es diabético, qué tiene que inyectarse, de tomarse una medicina a tal hora, de tomar su tensión y de eso me encargo, ese es mi trabajo, así me contagié, trabajando, no en un paseo como se dijo.

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Nació hace 58 años en Santana, presta sus servicios a altos ejecutivos con los que viaja no solo por Colombia, sino a otros países. En uno de esos itinerarios resultó contagiada. Foto: Archivo Particular

¡No le preguntaban cómo había vencido al COVID en casa!

Desde luego. Se incrementó la llamadera, hubo un tiempo en el que mi teléfono era como si fuera un conmutador. Me llamaban de Togüí, de San José de Pare, Moniquirá, Suaita, Barbosa, Chitaraque, especialmente los médicos para averiguar la sintomatología que estaba presentando, qué tenía y qué estaba tomando para mantenerme bien porque en ese momento que uno estuviera vivo tras contagiarse, era un verdadero milagro. Les decía que zumos de plantas y en infusión por ejemplo de matarratón. No tomé moringa, porque no se daba en la huerta.

¿Y se va a vacunar contra el COVID?

Sí, claro. Dicen que me van a colocar sólo una dosis y bueno, eso es lo que he escuchado en las noticias, pero sí, claro, yo sí me vacuno. Desde aquí le envío el consejo a quienes están indecisos o a quienes están renuentes a la vacuna que se le apliquen, necesitamos parar esta pandemia.

¿Le parece injusta la posición la actitud de la gente, de sus vecinos de sus paisanos, del mismo alcalde, de los médicos del hospital?

No. En muy buena parte, entiendo que era la ignorancia del momento, es que todo esto era nuevo para todos. Además, a la ignorancia se sumaron las redes sociales y los mismos medios ayudando a generar el pánico, repito, puede que de manera inconsciente en gran medida, porque nadie estaba preparado para todo esto. Lo que sí me pareció un error muy grande fue el haber revelado mis datos personales ya que yo no era, ni soy una persona pública y aunque lo fuera, cómo iban a dar la dirección de mi casa, el nombre de mi esposo, eso fue muy mal manejado.

¿Usted es católica?

Yo soy católica, soy de esas personas de primeramente Dios, pero resulta que aquí en Santana pues no había ningún tipo de servicio de oración por redes, entonces mi hermana que es cristiana, pues empezó a enviarme un link que era con el que me comuniqué y hacía muchísima oración.

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En el municipio de Santana, aún hoy un año después, siguen señalando y rechazando a esta enfermera, como si hubiera quedado contagiada de por vida. Foto: archivo Boyacá Siete Días.

¿Cuándo salió por primera vez después de ese episodio y que salió a hacer?

Madre mía, bueno, cuando ya llevamos un poco más de cinco meses, yo salí porque tuve que ir a sacar un permiso en la alcaldía y en el médico, para poder salir aunque fuera a hacer compras y me dijeron que yo no podía salir de Santana. Pero en el comercio me veían y se retiraban, era como si vieran al diablo, me decían la señora COVID. Comenzaron a decir que no me querían vender nada en Santana, así que, opté por no ir más pues porque me vi muy señalada, estigmatizada, rechazada y mi esposo me dijo cuidado de pronto le tiran piedra me dijeron que yo no podía salir.

Vea también parte de la entrevista en video: