Sí habrá Fiesta de Bienvenida a la Vid en el Valle del Sol, pero virtual #LaEntrevista #LoDijoEn7días

En #LoDijoEn7días, el vitivinicultor Marco Antonio Quijano Rico explica cómo será la versión 31 del evento Vid & Vino Internacional, qué pasará con el reinado que hace parte de la programación de este certamen, cómo le ha ido al viñedo y cava Loma de Puntalarga (en Nobsa) en esta pandemia, por qué se le ocurrió cultivar uvas y producir vinos en la loma de Puntalarga y de dónde surgió su gusto por la vitivinicultura #LaEntrevista7días. 

Marco Antonio Quijano Rico, científico y vitivinicultor sogamoseño, ejemplo de emprendimiento. Foto: archivo Boyacá Sie7e Días
Marco Antonio Quijano Rico, científico y vitivinicultor sogamoseño, ejemplo de emprendimiento. Foto: archivo Boyacá Sie7e Días

¿Cómo será la Fiesta de Bienvenida a la Vid en el Valle del Sol, Vid & Vino Internacional, en esta ocasión?

Este año festejaremos los 31 años de las fiestas de la Vid y el Vino, que comenzaron en 1989. El COVID-19 nos obliga a actuar de acuerdo a lo que hace todo el mundo, es decir, a ser muy virtual. En esa virtualidad lo que nosotros queremos es darles importancia a grandes actores del desarrollo vitivinícola regional, que no hemos podido aprovechar plenamente.

¿Quiénes son esos actores y qué reconocimiento se les hará?

Uno es un homenaje a nuestra ciudad natal, Sogamoso, y su razón de existir, que es el sol. Ojalá que el espíritu sogamoseño no olvide la importancia del sol. En nuestra celebración vamos a hacer algo haciendo énfasis en el astro rey y en el Sol de Oro de Sogamoso. El otro punto importante en este desarrollo vitivinícola es la traída de las matas de uva por los jesuitas a Firavitoba por allá hacia el año 1630; de ahí nació la inspiración de este proyecto. La región de Firavitoba es tal vez la única parte en Colombia donde todavía se consiguen vides de las traídas en la época de la colonia, o por lo menos descendientes de esas. Ese es un punto sumamente importante que nosotros tenemos que valorar.

¿Qué importancia tiene la viticultura para un departamento como Boyacá?

Es la viticultura la herramienta más importante para el desarrollo de territorios como el nuestro, de tierra fría, de lomas secas, o sea, es donde la vid está llamada a jugar el mismo rol que juega la mata de cafeto en climas más cálidos y más húmedos. Para el desarrollo cultural, científico, tecnológico y económico de muchas de nuestas lomas, esta agricultura ofrece perspectivas extraordinarias.

¿Qué otro elemento van a resaltar en esta celebración virtual?

Naturalmente que en ese panorama no podemos olvidar el motivo de la Fiesta de la Vid y el Vino, o sea el regreso de la vid al Valle del Sol. Eso es más o menos lo que nosotros quisiéramos de alguna manera ilustrar de forma virtual en esta época de celebraciones de la vid y el vino.

En 1989 se llevó a cabo la primera Fiesta de Bienvenida a la Vid en el Valle del Sol, que ya cumple 31 años. Foto: archivo Boyacá Sie7e Días
En 1989 se llevó a cabo la primera Fiesta de Bienvenida a la Vid en el Valle del Sol, que ya cumple 31 años. Foto: archivo Boyacá Sie7e Días

¿Se mantiene el Reinado Vid y Vino?

El Reinado se mantiene, pero tal vez no haremos elección porque las normas de bioseguridad son muy estrictas.

¿Cómo se desarrollará entonces el reinado?

Queremos reunir a todo el grupo de reinas, que ya son 31, y con las princesas de la Fiesta de la Vid y el Vino, estamos hablando de casi un centenar de chicas que han puesto su grano de arena para el desarrollo del ideal de la viticultura regional.

¿Todo el evento será transmitido por las redes sociales.

Estamos en conversaciones para transmitir los eventos de esta Fiesta de la Vid y el Vino.

¿Se realizarán algunas actividades presenciales?

Hay prohibición del consumo de alcohol en los lugares públicos, entonces, naturalmente, tratándose de cuestiones relacionadas con el vino no es fácil realizar algo al respecto. Sin embargo, estamos programando hacer una gran exposición de fotografías y videos de la Fiesta de la Vid y el Vino desde los comienzos hasta hoy.

En esta ocasión la Fiesta de Bienvenida a la Vid en el Valle del Sol será virtual y reunirá a todas las reinas del evento. Foto: archivo Boyacá Sie7e Días
En esta ocasión la Fiesta de Bienvenida a la Vid en el Valle del Sol será virtual y reunirá a todas las reinas del evento. Foto: archivo Boyacá Sie7e Días

La Fiesta de la Vid y el Vino siempre se ha realizado durante los fines de semana de diciembre y culmina en el puente de Reyes de enero. ¿En esta ocasión para qué fecha tienen programada la celebración?

En el puente de Reyes es donde nosotros queremos hacer el mayor énfasis en la divulgación virtual de lo que es la Fiesta de la Vid y el Vino y lo que persigue.

¿Hay alguna relación del vino con el control de las pandemias en la historia de la humanidad?

No es muy clara, pero por ejemplo en la época de la gripa española, en algunas partes en Francia se pensó que el vino podía ser un coadyuvante contra la contaminación, pero lo mismo que en el caso del COVID-19, la cosa no es clara, no puede uno decir que es un antídoto, pero por lo menos el hecho de que te mantenga optimista ya es importante.

¿Cómo le ha ido a la vitivinicultura en Boyacá durante esta pandemia?

Nosotros tuvimos aquí una parálisis importante en la época más crítica, pero el despertar fue inesperado, el cariño de la gente por nuestro vino se dejó ver.

Quijano Rico les enseñó a cultivar vides a varios campesinos de Boyacá. Aquí en su viñedo. Foto: archivo Boyacá Sie7e Días
Quijano Rico les enseñó a cultivar vides a varios campesinos de Boyacá. Aquí en su viñedo. Foto: archivo Boyacá Sie7e Días

¿Por qué su gusto por la vitivinicultura?  

Desde cuando conocí de dónde procedía el vino. Esa primera experiencia con el fruto de la vid la tuve a los 11 años, cuando mi padre me dio a probar uno de los vinos franceses de más renombre: el Château d’Yquem, hacia 1943.

Fue en Firavitoba, en una fiesta de compadres. Mi padre destapó la botella frente a una mata de uva que había en la casa de una comadre, me dio un poquitín de vino y me dijo: “prueba de esto tan bueno que sale de esa mata”.

Desde ahí me quedó la inquietud de producir esa bebida, sueño que hice realidad en 1987 cuando elaboré mi primer vino en Puntalarga, en donde compré una loma y empecé a sembrar uvas en 1984, de cepas traídas de Alemania.

¿Cuándo decidió que iba a sembrar uvas y a producir vinos a una altura como la de la loma de Puntalarga?

Hacia 1978 decidí no postergar más mi sueño de tener un viñedo y producir mi propio vino. Lo veía como un aporte novedoso, complementario a la fruticultura de mi padre, para integrar al campesino al estilo de él también con sus frutales. Así nació el proyecto vitivinícola de Puntalarga.

¿Cómo explicar que un científico que hizo estudios de muestras del suelo lunar, que trajeron los astronautas del Apolo 11 en 1969, decidiera volver a su tierra a cultivar vides y a hacer vino?

Yo me crié en la hacienda San Marcos en Sogamoso, en medio de cultivos de peras, ciruelas y duraznos. Esas frutas fueron mi inspiración para enamorarme de la química. Mi padre, Marco A. Quijano Niño, descubrió mis aptitudes y me instaló un laboratorio de química en la casa, en el que de joven realicé mis primeros experimentos científicos. Cuando me gradué de bachiller del Colegio de Sugamuxi mi deseo era irme a estudiar a Francia, ya que andaba de novio de la hija de un ingeniero francés que vino a trabajar en el montaje de Acerías Paz del Río.

Presenté y pasé los exámenes de admisión para estudiar química en la École Centrale Paris (Escuela Central París). Cuando llegué con la buena nueva a la casa, mi padre se transformó y demasiado severo exclamó: “nada que hacer, París es un centro de corrupción”.

Mi padre me dijo que como no había logrado aprender el idioma de la química, que es el alemán, me consiguió una universidad donde se enseña la química como en Alemania, pero en francés.

“Se me va pasado mañana para Lausana, en Suiza”, me manifestó. El Viernes Santo de 1954 mi mamá y mis hermanas me llevaron por la polvorienta Central del Norte a tomar mi vuelo de Air France, en el aeropuerto de Techo. Él no quiso venir, se quedó muy triste.

En 1984 empezó a sembrar uvas en la loma de Puntalarga, en el municipio de Nobsa. Foto: archivo Boyacá Sie7e Días
En 1984 empezó a sembrar uvas en la loma de Puntalarga, en el municipio de Nobsa. Foto: archivo Boyacá Sie7e Días

¿Se graduó entonces en Suiza?

En Lausana me gradué como químico nuclear y por solicitud de mi padre regresé a Colombia. En Bogotá ingresé a trabajar en el Instituto de Asuntos Nucleares.

¿Cómo terminó trabajando en Alemania?

Cuando estaba radicado en Bogotá, aproveché una conferencia sobre usos pacíficos de la energía atómica y volví a Suiza, a Ginebra, a finales de 1963. Allí me resultó la posibilidad de una beca de la Sociedad Max Planck para el Fomento de la Ciencia, en su Instituto para la Química, en Mainz (Maguncia​, Alemania).

A comienzos de 1964 me solicitaron presentarme a la entrevista de admisión. Me pareció absolutamente apasionante lo que se hacía allí en química cósmica y la grandeza del científico colmaba todas mis expectativas de formación.

Me enamoré de Mainz, al borde del Rin, porque es una región vitivinícola.

Allí inventé un método de análisis químico para elementos como el boro y el litio. Fui nombrado asistente científico y, por llegar el proyecto Apolo, mi director fue nombrado investigador principal y yo investigador para el estudio de las muestras lunares, que debían traer los astronautas. Estudié las muestras de suelo lunar.

¿Por qué retornó a Colombia?

En diciembre de 1969 me vine de Mainz a Sogamoso, para asistir luego, con el grupo de Alemania, a la primera conferencia sobre ciencia lunar, en Houston. En esa visita a Colombia mi padre me pidió insistentemente que volviera a mi tierra. Me dijo que contactara a don Arturo Gómez Jaramillo en la Federación Nacional de Cafeteros, insinuación que llevé a cabo.

Don Arturo me solicitó un concepto sobre cómo modernizar la investigación en la Federación. Le pareció exorbitante la suma que le nombré. Me regresé a Alemania y, con gran sorpresa, en octubre de 1970 se apareció el ingeniero Pablo Toro Pinzón en el Instituto en Mainz, con el contrato de trabajo que finalmente firmé.

Como no tenía idea de café, fui a parar de nuevo a Suiza, al Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos, a hacer un posdoctorado en un tema muy diferente. Así comenzó el nacimiento del laboratorio de la Federación Nacional de Cafeteros en Bogotá, el LIQC.

Se convirtió en uno de los centros de investigación más destacados internacionalmente sobre café. Yo fui dos veces presidente y vicepresidente durante 20 años de la Asociación Científica Internacional del Café (ASIC), cuya sede estaba en París.

¿Qué tipos de cepas de uva sembró en Puntalarga?

Inicialmente trajimos 33 cepas escogidas y nos quedamos con las que mejor se comportaron: Riesling, Pinot noir y cruzamiento de Riesling por Silvaner.

¿Por qué la Fiesta de la Vid y el Vino?

A la iniciativa de la vitivinicultura le quise agregar la parte cultural y en 1989 llevamos a cabo la primera Fiesta de Bienvenida a la Vid en el Valle del Sol, para mostrar que en esta parte de Boyacá producimos vinos de calidad y, además, para rendirle homenaje en cada versión de las festividades a uno de los países productores de vino de Europa.

¿Qué es el Consorcio Vitivinícola Sol de Oro?

En 1995 empecé un proyecto de extensión vitícola, para enseñarles el cultivo de la uva a habitantes de diferentes municipios de las provincias de Sugamuxi, Tundama, Valderrama y Norte y así nació el Consorcio Vitivinícola Sol de Oro.

¿Qué habría pasado si no hubiera dejado su trabajo científico en Alemania para regresar a Colombia?

De no haber regresado al país, lo único cierto es que tendría un viñedo, no en la loma de Puntalarga, en Nobsa, sino en el Valle del Rin, en Alemania.

De eso no hay duda, pues mi gran pasión ha sido la vitivinicultura.