Obispo boyacense narra la tragedia que viven en las islas de San Andrés

Hoy en #LoDijoEn7días, monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias, el obispo del archipiélago de San Andrés, se refiere a lo que han tenido que vivir en las últimas dos semanas. El prelado, oriundo de Ciénega (Boyacá), cuenta que ha encontrado paisanos en este departamento de ultramar, que en Providencia y en Santa Catalina no quedó nada en pie y que ahora, cuando se enfríe la solidaridad, el problema será más grande. #LaEntrevista.

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Monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias, oriundo de Ciénega, completa ya cuatro años como obispo del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Foto: Archivo Particular

¿Cuánto lleva Usted como obispo en San Andrés y Providencia?

En este momento completo cuatro años y precisamente estamos enfrentando la situación más difícil que se haya registrado en los últimos tiempos en el archipiélago. El huracán Iota pasó por Providencia y Santa Catalina, donde arrasó absolutamente con todo. En San Andrés las afectaciones fueron más pequeñas, pero igual afectó.

¿Y el banco de alimentos que Usted había organizado está ayudando mucho?

Fue un banco de alimentos que surgió en medio de la pandemia del COVID, precisamente para ayudar a las personas que estaban pasando necesidades en San Andrés y en Providencia. Y sí, este se ha convertido en una ventaja para las víctimas del desastre natural. A través de este banco de alimentos estamos canalizando las ayudas para dar una manito en toda esta situación.

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Según el obispo de San Andrés, el COVID pasó a un tercer lugar tras la grave tragedia natural que los azotó hace menos de dos semanas. Foto: Archivo Particular

¿Qué es lo más duro que ha visto tras el paso del huracán Iota?

Sin duda, el impacto de cuando sobrevolamos la zona. Todo quedó en el piso, todo quedó pelado y un color muy opaco, después de estar acostumbrados a ver una vegetación tan bonita que daba ese contraste de colores en la región. Esa es una primera impresión y ya después, en tierra, escuchar los descarnados testimonios: un señor de 94 años, con su esposa de 87, enfrentando solitos semejante situación, cientos de historias que conduelen a cualquiera.

¿Y lo que más le impactó de esta tragedia?

Sabe que algo que me quedó grabado es que el baño se convirtió en la salvación de muchas familias; en la mayoría de las construcciones, lo único que quedó en pie fue el baño, porque era en ladrillo y cemento. Las familias completas se metieron al baño y ahí aguantaron el huracán, inclusive muchos a los que el agua les dio al cuello y a pesar de eso no salieron del baño, y cuando ya había pasado todo, abrieron la puerta y ya no había casa, ni había nada. Esto es muy impactante.

¿Pudo ser peor la emergencia monseñor?

Claro que pudo ser peor, de hecho, esto fue un verdadero milagro que con el paso de un huracán, que arrasó con casi todo lo material, especialmente en Providencia y Santa Catalina, solo haya dejado dos víctimas fatales.

¿Ya estuvo en Providencia y Santa Catalina?

Sí, sí señor, estuve durante cuatro días allá y, como le decía, fue muy poco lo que se mantuvo en pie. Allá tenemos seis iglesias y cinco de estas quedaron destruidas. Algunas inclusive sirvieron de refugio; las casas curales quedaron destruidas totalmente y, pues, ahora esperamos a ver cómo podemos paliar esta situación.

¿Cómo es ese panorama de ver a turistas disfrutando, mientras los raizales piden ayuda?

Lo que pasa es que las realidades de afectación son totalmente distintas. San Andrés tuvo afectación, pero esta se solucionó de manera rápida, porque las edificaciones que resultaron afectadas, en especial sufrieron daños en techos, vidrios y por inundaciones; adicionalmente, algunos árboles que cayeron y ocasionaron perjuicios, algunos postes de la luz, pero eso se ha venido reactivando. Es que acá en San Andrés se consiguen por lo menos materiales para hacer los arreglos, mientras que Providencia no cuenta con ese tipo de comercio. A San Andrés están llegando turistas a diario, porque la infraestructura es diferente, además porque en este momento no hay vientos y las playas están abiertas.

¿Y Providencia si sigue cerrada?

Claro, es que allá es diferente: conseguir una teja o un bulto de cemento en Providencia es imposible y cuesta tres y cuatro veces más. Allá la reactivación será mucho más demorada, es que allá no hay cómo recibir a nadie, no hay ni siquiera servicios públicos, no hay vuelos comerciales, ni comunicaciones de ninguna índole.

¿Y en Santa Catalina es peor el tema?

Por supuesto, es peor que en Providencia. El puente que comunicaba a las dos islas lo tumbó el huracán. Allá todo desapareció y la única forma de llegar de un lado al otro es en canoa, cuando antes se podía llegar a pie.

¿Cuánto lleva Usted en la vida religiosa?

Son ya 26 años de sacerdocio, 22 vividos allá en Tunja y cuatro de obispo en San Andrés, en el archipiélago, a cargo pastoralmente de estas tres islas.

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Según el obispo de San Andrés, el COVID pasó a un tercer lugar tras la grave tragedia natural que los azotó hace menos de dos semanas. Foto: Archivo Particular

¿Cuáles son los dos momentos más duros que ha tenido que enfrentar en su vida religiosa?

Después de esa situación que he visto aquí tan fuerte, todo lo que haya visto es poco. No he tenido que vivir otra tragedia así de esa magnitud. Hay mucha gente necesitada que la está pasando muy mal.

¿De qué parte de Boyacá es Usted y cuánto hace que no viene por estos lados?

Soy del municipio de Ciénega y estuve por allá en enero pasado; me pude escapar unos días a visitar a la familia y a los amigos, pero desde comienzo de año ni más, porque ya entró la pandemia y ya no pudimos volver a salir de aquí.

¿Qué dice su familia, está preocupada por Usted?

Como es lógico, pero bueno, ahí en las medidas de las posibilidades hemos logrado comunicación para explicarles que estamos bien y han estado muy pendientes para saber qué apoyo estamos necesitando.

¿Y ha encontrado boyacenses residentes en el archipiélago?

Sí, sí señor, aquí en San Andrés he encontrado varios paisanos viviendo y trabajando, al igual que en Providencia; recientemente me conocí con unos duitamenses que viven en la isla. Ahí vamos conociendo y encontrándonos con paisanos por estos lados.

¿Qué tan católicos son los raizales?

No tengo un porcentaje, pero lo que sí sé es que aquí todos somos cristianos, unos cristianos católicos y otros cristianos bautistas; sin embargo, ese no es un impedimento para ayudarnos o para poder socorrer a alguien.

¿Cómo vienen trabajando con el Gobierno local en medio de esta tragedia?

Aquí hay que recordar que, con motivo de esta grave tragedia, las riendas de todo las ha tomado el Gobierno nacional, claro, en coordinación con autoridades locales y bueno, pues el Gobierno nacional es el que está de frente con todo esto. Igual, nosotros con las autoridades venimos trabajando en temas que son comunes, como educación, salud y nosotros estamos apoyando directamente, pero igual hay temas logísticos, de convocatoria de la comunidad, en los que nos tenemos que apoyar para dar mejores resultados.

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El alto prelado boyacense, que hoy es uno de los protagonistas en la isla, cuenta que ha encontrado paisanos en San Andrés y en Providencia. Foto: Archivo Particular

¿Qué viene, qué está organizando para ayudar a recuperar estas dos islas?

Hay unas actividades que son puramente espirituales, como por ejemplo no permitir que caigan en depresión, en tristeza, en angustia y esa es una ayuda espiritual muy fuerte que es un papel muy importante y necesario, claro, a todo esto, sumándole la ayuda material. Sin embargo, aquí debemos tener en cuenta que en este momento están llegando ayudas, pero en unos 15 o 20 días, que ya no seamos noticia, se va enfriando la solidaridad y es ahí donde tenemos que jugar un papel muy importante.

¡Todo esto está generando un grave problema social, como es lógico!

Así es. Por ejemplo, de Providencia se ha salido ya la mitad de la población y se han venido a refugiarse a San Andrés, a donde amigos y familiares, a esperar que se recupere la isla para poder retornar.

¿Cómo están celebrando la eucaristía?

En San Andrés el culto no ha parado, pero en Providencia ya llevaban ocho días sin la santa misa, porque estaba muy difícil y fuimos y celebramos ahí en cualquier lado, porque, como le decía, no quedó ni un lugar en pie. Allá no hay luz, no hay agua, no hay señal de telefonía, mucho menos de internet.

¿Ha tenido que hacerse la prueba del COVID, monseñor?

Todavía no, sabe, pero lo que ocurre en este momento es que la situación es tan complicada, que no miento si le digo que la pandemia, que el coronavirus, ha pasado a un tercer plano, ni siquiera a un segundo, sino a un tercer lugar.