La avalancha de eventos en la era virtual – José Ricardo Bautista Pamplona – #Columnista7días

La virtualidad ha convertido a los organizadores de los más importantes festivales del país en verdaderos expertos en la producción, donde ha tomado fuerza editores, camarógrafos, fotógrafos, guionistas y diseñadores.

Durante estos extraños días de alerta global, ha habido una verdadera avalancha de eventos virtuales y los amantes de buenos contenidos han tenido que programarse muy bien para salir de una transmisión y entrar a otra o verlas de manera simultánea en varios de sus dispositivos electrónicos.

Al primero que le tocó colonizar ese camino fue al Festival Mono Núñez, quien se “mando al agua” y dejó una especie de guía muy bien hecha por demás, para los festivales que han seguido varias de esas pautas creadas por Funmúsica y Telepacífico en la transmisión y realización de la 46 versión del concurso más importante de la zona andina colombiana.

En ese momento, el público estaba a la expectativa de cómo sería un festival virtual y hasta grupos de WhatsApp se crearon para hacer los conocidos remates, denominados así a las tertulias que se realizan en las casas y sedes luego de haber salido de las galas o las funciones de coliseos y teatros.

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Los presentadores también tomaron protagonismo, porque ahora les toca libretear todo, ser más cuidadosos ya que cada palabra está más expuesta a la crítica, y en especial la de quienes fallan en todo, pero no rebajan nada, así como su vestuario, peinados y en general de todo lo que se hace en camerinos para propiciar el lucimiento de los protagonistas de la escena.

Antes los participantes enviaban, como el caso del Mono Núñez, sus presentaciones grabadas con celular – porque recordemos que por la época de mayo la cuarentena fue el momento más crítico, tal vez por lo inédito y sorpresivo de la conmoción mundial.

Pero luego en otros eventos y festivales se  optó por aplicar metodologías mixtas, es decir que algunos artistas, según sus posibilidades, se han trasladado hasta la sede del certamen, como sucedió en el Mangostino de Oro, Antioquia le canta a Colombia, el Concurso Nacional de Bandas, el Festival de Música Colombiana de Ibagué o el del Pasillo Colombiano de Aguadas donde se dispusieron de escenarios, sin público para los participantes, con una producción de cámaras, consolas, mezcladores, luces y sonido, en tanto que otros que no se pudieron desplazar continuaron con la metodología aprendida en pandemia y lograron sus grabaciones  de la mejor manera con las herramientas que tienen a la mano.

En estas transmisiones virtuales se ha visto de todo. El derroche de creatividad ha sido fantástico, se han puesto en pantalla muy buenos conceptos de producción televisiva, hemos escuchado buenos libretos con una línea conductora muy acertada y la narración de historias han permitido alternar la presencia de los participantes con datos anecdóticos de los eventos, como nunca antes se había podido conocer. Otros por el contrario se las han dado de “camarógrafos, presentadores o productores” y a decir verdad no les ha ido bien, dejando en firme el adagio popular, “cada loro en su estaca”.

Las condiciones de sonido que no ha sido tarea fácil por tener que ecualizar con un mismo concepto las grabaciones que finalmente salen al aire, ha sido tal vez el reto más grande de los realizadores, así como sucede con las imágenes en baja calidad que por ser grabadas con aparatos muy elementales presentan serias dificultades a la hora de su edición y emisión.

Sin embargo, la virtualidad cobró importancia y ahora podemos apreciar todos los festivales del país desde la comodidad de la casa con un valor adicional y es que los podemos ver cuantas veces queramos y como dice una presentadora de Televisión “y si se lo perdió…” pues es muy fácil porque los contenidos quedan en la nube por siempre y para siempre de tal suerte que nos permite repetirlos una y otra vez.

De todas maneras, lo que si ha quedado claro es que los eventos virtuales se convirtieron en la realización de programas de televisión donde se deben tener en cuenta todos los conceptos de producción con parrillas de contenido muy bien alternadas entre imágenes, investigación, trabajo de campo, horas de grabación, edición y mezcla para cautivar a las audiencias y atraparlas durante el tiempo de su emisión.

Definitivamente un era extraña y diferente que nos ha enseñado a sacar lo mejor del ingenio para potencializar el conocimiento y esa intuición que no se aprende en los claustros, sino en la universidad de la vida, esa misma vida que trae enigmáticos momentos como el que estamos viviendo sin saber hasta cuándo.

Se acerca la temporada decembrina y por el rebrote que estaba anunciado, todo parece indicar que estaremos nuevamente con restricciones de movilidad y tal vez las novenas, carrozas, comparsas noches de aguinaldo y el recorrido de las rutas turísticas navideñas se tengan que hacer en forma virtual por lo que sería muy importante hacer un alto en el camino para evaluar lo hecho hasta ahora, reforzar las cosas positivas y erradicar aquellas donde se ha fallado, tal vez de manera involuntaria, en los ya tradicionales eventos virtuales.

Aplausos de pie para los organizadores de los festivales virtuales por el esfuerzo, la entrega, la disciplina y el cariño que han puesto en cada programa y cada transmisión y que solo se entiende cuando se pasa de la comodidad del aforo a estar tras bambalinas “pariendo cada certamen” o alumbrando un nuevo espacio para deleite de todos.