‘Escobita nueva’ – Carlos Araque – #ColumnistaInvitado

Me enteré hace poco que Servitunja cambió de dueños, ahora es Urbaser, pero que continúan sus directivas y trabajadores. Lo segundo es una buena noticia, porque, gracias a las manos de estos trabajadores, en los últimos años los tunjanos hemos percibido una mejora ostensible en el aseo de la capital boyacense, independiente del nombre: Empotunja, Ciudad Limpia, Comsebar, Servitunja… etc.

Tunja, que años atrás tenía fama de sucia por la falta de agua y civismo, además del mal manejo de sus desperdicios, ahora se ve y se siente más limpia, quizás no impoluta, pero sí más higiénica. Los ‘escobitas’ barren calles y avenidas continuamente, los parques y áreas verdes son podados con periodicidad y se mantienen libres de plagas.

Sin embargo, hay una mancha. No sé si ocurra en toda la ciudad, pero sí en varias partes de ella. Pongo de ejemplo el barrio Santa Inés, Unicentro y sus alrededores, zona de reciente crecimiento urbano y poblacional. Hasta 2019, el camión de la basura pasaba por la noche en este sector.

Hacia las 6:00 de la tarde las residencias y negocios comenzaban a sacar las bolsas de basura para depositarlas en andenes, esquinas y contenedores. Unos 20 o 30 minutos después, máximo, el camión pasaba recogiendo todo. Era un proceso rápido, eficiente y, sobre todo, limpio.

Hoy no es así. Ahora el camión pasa por la mañana, pero no se sabe a qué hora, lo mismo es a las 6:00 a.m., que a las 7:00 a.m., a las 8:00, 9:00, 10:00 u 11:00. Este simple cambio provoca una serie de problemas: las personas sacan la basura desde muy temprano, porque desconocen a qué horas pasará el camión, y mientras este aparece algunos recicladores, no todos (de hecho es la minoría), rompen las bolsas y riegan su contenido para buscar materia prima; también ocurre que perros callejeros escarban y destrozan las bolsas dejando los desperdicios al descubierto, el mal olor que se acumula y, algo más preocupante, residuos sólidos y lixiviados que, mientras sean recogidos, caen continuamente a la red de alcantarillado, la cual no está diseñada para recibir estos elementos y por consiguiente los devuelve en forma de reboses y aguas negras.

Además de la suciedad e insalubridad, esta descoordinación entre ciudadanía y empresa obliga muchas veces a los duros y buenos trabajadores de los camiones, ahora vestidos de gris y verde, a detener el recorrido y pala en mano limpiar el reguero, aumentando su esfuerzo y retrasando la jornada.

Imagino que no será nada fácil recoger casi 4.000 toneladas de basura por mes que produce esta ciudad de calles angostas y empinadas, ni hacerlo con un horario fijo debido a miles de imprevistos y procesos obligatorios; pero invito a la nueva empresa a revisar cómo se hacía antes, comparar, analizar pros y contras, establecer horarios y comunicarlo asertivamente, y así recuperar aquel buen servicio, que quizás no era perfecto, pero sí mejor. Finalmente: ‘escobita nueva barre bien, pero escobita vieja sabe dónde barrer’.