Las manifestaciones populares digitales – Carlos David Martínez Ramírez – #ColumnistaInvitado

Es innegable el descontento en varios sectores de la sociedad, el desempleo, la crisis económica y los eventos de violencia recientes han hecho que se genere la percepción de que sólo falta una pequeña chispa para provocar el incendio.

En estos momentos, donde aún hay probabilidades altas de contagio si se participa en eventos masivos, como las marchas, surgen cuestionamientos relacionados con la efectividad de las manifestaciones populares de descontento en escenarios virtuales.

Para algunos, las manifestaciones digitales pueden ser efectivas si cumplen con algunos requisitos; acá se puede pensar en números de visualizaciones, de reacciones, de likes o “me gusta”, pero para otros, sólo tienen sentido si trascienden a escenarios físicos.

Muchas personas consideran que las manifestaciones digitales y en redes sociales no sirven para nada, a menos que desencadenen acciones de participación democrática como el voto.

En este escenario se puede generar varios tipos de reflexiones, por ejemplo, sobre la construcción social del espacio.

Piénsese en las discusiones con relación a cómo la falta de presencia física por parte de los parlamentarios en el Senado ha generado el deterioro en el cumplimiento de sus funciones.

De esta manera, es posible pensar en cómo la discusión sobre el espacio se convierte en un debate político. Quienes ven en la virtualidad una oportunidad de trabajar eficientemente, podrían verse tentados a proponer que es posible hacer muchas cosas de manera virtual, pero quienes aluden a la importancia del espacio físico argumentan en términos históricos sobre la relevancia de éste.

Nos enfrentamos a la paradoja de la ubicuidad. Se busca un empoderamiento de las personas con las herramientas digitales, pero, al estar al mismo tiempo en varias partes, no estamos en ninguna.

Hoy en día las redes sociales generan un fenómeno que aún muchos no dimensionan, y tiene que ver con el poder de la repetición. Antes era relativamente callar a los medios de comunicación convencional; por ejemplo, era posible opacar el cubrimiento de una noticia con otra, incluso era factible comprar todos los periódicos de una ciudad madrugando y siendo el primer comprador en todos los puntos de venta.

Pero actualmente el poder de la repetición de los mensajes mediante medios alternativos, es una situación con un poder muy grande al cual sólo recientemente se le está prestando atención.

En este espectro hay influenciadores, periodistas independientes, activistas que se reconocen como tal, aunque algunos los confundan con periodistas; pero, curiosamente, en los medios de comunicación convencional también hay activistas disfrazados de periodistas.

La indiferencia de algunos, desafortunadamente, seguirá aguantando muchas manifestaciones digitales e incluso presenciales.