La pista que podría dar un giro a la investigación del asesinato de una familia en Tunja

El hecho que tiene escandalizada a la capital boyacense y que se registró al interior de una vivienda en la que hallaron sin vida a una familia completa en el barrio El Consuelo, la madrugada del domingo, ha generado hasta el momento casi que una sola conjetura: el hombre habría envenenado a su mamá, su esposa y sus dos hijos antes de quitarse la vida.

Los Núñez González, Nelson Fernando y Angie Johana, junto a sus pequeños, era una familia promedio, que se veía salir juntos de su casa especialmente los fines de semana. Foto: Archivo Particular
Los Núñez González, Nelson Fernando y Angie Johana, junto a sus pequeños, era una familia promedio, que se veía salir juntos de su casa especialmente los fines de semana. Foto: Archivo Particular

La misma madrugada del domingo, tras lograr ingresar a la vivienda, luego de ser alertados por familiares de estos, las autoridades organizaron cuatro grupos de investigación para lograr establecer lo que pudo haber ocurrido en esa casa, muy cerca del antiguo terminal de Tunja. Sin embargo, aún no se han revelado detalles de las hipótesis en las que avanzan las pesquisas.

La pareja de esposos, en diferentes imágenes se dejaban ver muy felices junto a sus hijos. Foto: Archivo Particular
La pareja de esposos, en diferentes imágenes se dejaban ver muy felices junto a sus hijos. Foto: Archivo Particular

Aunque sin conocer aún los resultados de la necropsia practicada a los cuerpos de dos mujeres adultas, una niña y un niño, al igual que al hombre que fue hallado suspendido parcialmente de una cuerda dentro de la vivienda, ya se señala a este último de posiblemente haber sido el autor del asesinato de su madre, su esposa y sus dos hijos, un detalle podría dar el giro a la investigación para ahora tener a la adulta mayor como segunda sospechosa y responsable del hecho.

Boyacá Sie7e Días decidió averiguar detalles sobre la familia Núñez González y encontró información relacionada con el comportamiento de madre e hijo (Ana Paulina y Nelson Fernando) que podría llegar a ser determinante en el curso de la investigación.

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Solo hay una fotografía en la que la abuela, la profesora Ana Paulina, aparece junto a su nieto. Foto: Archivo Particular
Solo hay una fotografía en la que la abuela, la profesora Ana Paulina, aparece junto a su nieto. Foto: Archivo Particular

Ana Paulina Núñez, era una mujer oriunda del municipio de Güicán de la Sierra, que fue madre soltera de un hijo único y que dictó sus clases en la escuela del municipio de El Cocuy hasta pensionarse hace un poco más de 20 años.

Pero la historia no tendría nada de raro, de no ser porque en su pueblo, a 10 horas de donde se produjo la tragedia, se conocía que mientras estuvo allí, la profesora padecía trastornos mentales que obligaban a su hijo Nelson Fernando a viajar desde Duitama, donde residía, hasta Güicán para trasladarla frecuentemente a recibir tratamientos psiquiátricos en Tunja, situación ésta que pudo haber sido el motivo de la radicación definitiva de esta familia a la capital boyacense.

En el municipio, ubicado en el norte de Boyacá, se dice que la mujer estuvo recluida en varias oportunidades en centros de reposo para tratamientos psiquiátricos, de los que terminaba escapándose para finalmente regresar a su tierra natal.

De su hijo, se sabe que alcanzó a cursar estudios en la Normal Rosarista de Güicán, al parecer hasta grado noveno, cuando su madre lo envió a terminar su bachillerato y pasar a la universidad en el centro del departamento. En Güicán recuerdan al joven Fernando como una persona super extrovertida y con unos comportamientos muy particulares.

Lo cierto es que desde que Nelson Fernando dejó a su mamá en Gúicán, cada fin de mes la historia se repetía: doña Paulina iba cobraba su mesada y dicen que se la giraba a su hijo, para los días siguientes salir a vivir de la caridad de los vecinos del pueblo, mientras le volvían a pagar para consignar de nuevo el dinero.

Nelson Fernando, se graduó finalmente como ingeniero electrónico de la Uptc y se venía desempeñando desde hace varios años como docente de matemáticas en dos planteles educativos de la capital boyacense.

Se dice que a este hombre de 40 años, en sus tiempos libres le gustaban los juegos de azar hasta el punto de que muchos lo consideraban ludopata.

Estos datos, entrarían a jugar un papel muy importante en la investigación, pues el comportamiento de la profesora pensionada la convertiría por lo menos como protagonista de una segunda hipótesis de lo que pudo haber ocurrido la tarde del sábado al interior de la vivienda en la que pasada la medianoche hallaron los cadáveres de la adulta mayor (Ana Paulina), la niña de 6 años y su hermano de 9 años en sus camas, y el de Angie Johana González, de 39 años en un sofá en la sala, cerca del cadáver de su esposo.