El cristianismo y las mujeres (II) – Catalina Pulgarín – #Columnista7días

En mi columna anterior hice referencia a la relación que existe entre la violencia basada en género y las creencias religiosas cristianas que dan cuenta en muy buena parte del arraigo que tienen el machismo y la sumisión femenina respecto de los hombres, así como las manifestaciones de violencia y discriminación contra la mujer en el planeta.

Es cierto que en los últimos años (más o menos desde la década del 70 del siglo pasado) el género femenino ha logrado importantes avances en el camino a lograr una verdadera reivindicación de sus derechos. Pero aún tenemos mucho por recorrer y el andar seguirá siendo pedregoso, porque lo que tenemos por ahora, si bien significativos, son reconocimientos que difícilmente trascienden lo escrito.

A nivel del Derecho Internacional, de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario, se cuenta con la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas expedida en 1979. Colombia suscribió esta Convención haciéndola parte de su bloque de constitucionalidad a través de la Ley 51 de 1981.

Por otro lado, la Convención de Belem Do Pará de la OEA emitida en 1994, fue aprobada en Colombia mediante la Ley 248 de 1995 y en ella se estableció que el Estado Colombiano tiene la obligación de eliminar los estereotipos de género de acuerdo con art. 8 de la Convención. Es de resaltar que también se han incluido los derechos de las mujeres en las legislaciones internas de gran parte de los países, entre ellas la Constitución Política de Colombia de 1991 que reconoce en sus artículos 13 y 43 la igualdad entre hombres y mujeres y prohíbe la discriminación hacia el género femenino.

Pese a lo anterior y como el papel aguanta todo, estos reconocimientos de derechos en nuestras realidades latinas no pasan de ser un bello pero simple  saludo a la bandera. Los distintos tipos de violencia contra la mujer continúan siendo un hecho latente y alarmante, que se manifiesta con especial crudeza en América Latina: la región más letal para las mujeres según la ONU.

Según datos de este organismo cada dos horas una mujer es asesinada en Latinoamérica por el mero hecho de ser mujer. El feminicidio es la expresión más dramática de esa realidad que padecen millones de mujeres en todo el mundo.

Los colectivos feministas han coincidido en señalar que no existen leyes ni políticas efectivas para que las mujeres puedan defenderse de las múltiples violencias que se padecen en una sociedad machista (física, sexual, sicológica, económica).

Según el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe (OIG) al menos 3.529 mujeres fueron asesinadas en 2018 por razones de género en 25 países de América Latina y el Caribe. Las cifras anteriores dan cuenta de la profundidad que alcanzan los patrones culturales patriarcales, discriminatorios y violentos en la región.

Ahora bien, pese a los anclajes religiosos de esta histórica discriminación (ver columna publicada el lunes 24 de agosto en Boyacá 7 días), las mujeres con creencias cristianas en Latinoamérica superan a los hombres. Según una investigación del instituto estadounidense Pew Research Center, las mujeres practican más la religión que los hombres.  Dicho estudio se centró el peso del género en la religiosidad y en la oración, tomando en cuenta seis diferentes grupos (cristianos, musulmanes, judíos, budistas, hinduistas y personas declaradas ateas o agnósticas) en 192 países del mundo, evidenciando que el 83,4% de las mujeres del mundo  se identifican como religiosas, frente a un  79,9% de los  hombres; esta diferencia de 3,5 puntos equivale a alrededor de 97 millones de personas.

Entre otras cosas el estudio también evidenció que muchas más mujeres participan en la liturgia cristiana encontrando las diferencias más significativas en Colombia y en Italia con el 20% y el 19% respectivamente más frente a los hombres.

Los datos anteriores dejan ver que pese a que la violencia y discriminación contra la mujer han sido facilitadas por la  influencia de las religiones, de todas maneras son justamente las mujeres quienes mayormente profesan alguna religión y además cumplen fielmente con los rituales de la Institución que ha cimentado firmes cánones machistas.

Ante esta pandemia que según estimaciones mundiales publicadas por la OMS, alrededor del 35% de las mujeres en el mundo han sido víctimas de violencia en razón del género, (lo que equivale a 1330 millones, claramente más grave que el COVID 19 que ha contagiado a la fecha a un poco más de 27 millones de personas en el mundo) es necesario revisar todas sus posibles causas, para identificarlas, entenderlas, atacarlas y erradicarlas desde la raíz. De lo contrario seguiremos contando por millones las víctimas sobrevivientes y fatales de violencia y  discriminación en razón de ser mujer.