Ojo que se perdió el respeto por el uniforme de la Policía #Editorial7días

Foto: Archivo Particular
Foto: Archivo Particular

Algo muy grave está pasando: se perdió el respeto por el uniforme de ese cuerpo armado del Estado encargado de garantizar el orden público, de mantener las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas y para asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz, así, para hacerlo, deban utilizar la fuerza.

Solo en Boyacá, en promedio una vez a la semana un Policía es agredido físicamente por intolerancia, porque se perdió el respeto por la figura ‘del señor agente’. Hace unos días por ejemplo, una mujer que transitaba sin tapabocas en Tunja, entró en furia y mientras agredía verbalmente a los policías los atacaba con su cartera por haberle solicitado sus documentos y aparte tuvieron que enfrentar la recriminación en las redes sociales dizque “por no ponerse en los zapatos de la mujer que de pronto tenía problemas en su casa”. En Guateque, una muchedumbre que ingería bebidas alcohólicas a la madrugada le dio una paliza a un grupo de policías y estuvieron a punto de lincharlos, en fin, son innumerables los casos de agresiones físicas y eso sin contar los de ¿usted no sabe quién soy yo?

Mientras en la mayoría de países del mundo el policía, gendarme o guardia, es intocable y solo por agredir verbalmente a uno de estos efectivos, se termina en serios problemas penales, preso, y si la agresión es física, inclusive se puede terminar muerto, en nuestro país ya se ha vuelto costumbre ver videos de los uniformados en medio de verdaderas batallas campales en las que cualquiera aprovecha para acercarse y  agredirlos verbal y físicamente, mientras estos adelantan procedimientos donde deben hacer uso de la fuerza, constitucionalmente otorgada en casos extremos para garantizar el orden.

Desde luego que hay episodios de abuso de autoridad, de policías que con el uniforme se transforman y se creen más que el resto del mundo y por eso, la misma Institución debe extremar sus controles y medidas internas para evitar que este tipo de individuos sigan utilizando las prendas y distintivos que identifican al organismo del Estado que es fundamental para mantener el orden y la convivencia. Hay casos de exceso de autoridad y eso es innegable, pero son muchos menos de los ataques hacia los uniformados.

El lunes pasado, Duitama fue tendencia en redes sociales por un video en el que se ve un presunto abuso de autoridad, pero también agresión por parte de un adulto mayor hacia un uniformado y seguidamente el uso excesivo de la fuerza por parte de un grupo de policías. Aunque el comando explicó que se trataba de unas personas infringiendo la norma, consumiendo bebidas alcohólicas en una tienda a puerta cerrada y que hubo previas agresiones hacia los uniformados, este tipo de casos en los que se les acusa de abuso deben ser aclarados en el menor tiempo posible, porque le hacen mucho daño a la figura de autoridad.

El Policía debe dar ejemplo y en ocasiones su actuar se convierte en una vergüenza, eso es cierto, pero es un porcentaje muy pequeño el que cae en estas acciones, sin embargo también es cierto que ahora todos resultamos siendo jueces desde la tribuna de las redes sociales. Lo que haya hecho el infractor o agresor es lo de menos, aquí lo que importa es condenar al policía al linchamiento social y lo más grave generalizar los ataques y el repudio sobre una Institución que es la que garantiza nuestra tranquilidad, nuestra seguridad.

No importa qué ocurrió antes, si ese ‘pobrecito e indefenso’ que está tirado en el piso, al que llevan a empellones o que es sometido por uno o varios uniformados, acaba de robar, de atacar, de violar o de matar a alguien, y mucho menos interesa, si agredió verbal y físicamente al uniformado; es más, si en la imagen queda registrado el momento en el que ataca al Policía, muchos salen a justificarlo, a convertirlo en una especie de héroe y recibe los aplausos y vivas de algunos.

Nos quedamos con verdades a medias, con una parte de la historia, con la escena que un espectador registró en su celular, con ese momento que alguien quiere o le conviene compartir para despertar al monstruo enfurecido, ese mismo que no otorga siquiera el beneficio de la duda, que no espera explicación o justificación alguna, ese monstruo ‘sediento de sangre, de sangre de policía’.

Ah pero eso sí cuando las víctimas de algún delito, de alguna agresión, de algún robo, somos nosotros, se nos olvida nuestro repudio en las redes y ahí sí nos acordamos que la Policía existe y los llamamos para que vengan en nuestra defensa, pero lo que no analizamos es que ahí afuera están listos los celulares para filmar y someter al escarnio público al patrullero, al suboficial o al oficial, que está adelantando el procedimiento y que para salvarnos la vida tuvo que utilizar la fuerza.

Un llamado entonces a la cordura, una moción de orden para que desde la Institución se extremen los protocolos y controles para que no se presenten abusos y que si se presentan se castiguen y se den a conocer las sanciones, que no se quede en simples anuncios de investigaciones, pero también como ciudadanos debemos de hacer un alto, analizar muy bien y pensar antes de dar reenviar, antes de oprimir ese gatillo que está disparando un arma muy peligrosa que al paso que vamos nos va a dejar sin quién haga cumplir las normas, sin autoridad, sin quién nos pueda defender. Tiene que haber una salida, no podemos seguir por la senda de convertirnos en una anarquía.