Crónica de un amor anunciado

Murió Mercedes Barcha, el amor de “Gabo”.

La unión de sus corazones había sido anunciada por Gabo - Fotografía Archivo particular
La unión de sus corazones había sido anunciada por Gabo – Foto: Archivo particular

Mercedes Barcha Pardo, la inseparable y fiel compañera del escritor colombiano Gabriel García Márquez falleció en ciudad de México a la edad de 87 años.

El 21 de marzo de 1958, siendo las 11 de la mañana, se selló un pacto de amor en la iglesia del Perpetuo Socorro de Barranquilla. Un romance que había nacido desde mucho tiempo atrás y que también fue la crónica de un amor anunciado, porque  desde que la conoció, cuando era un niño, Gabo sabía que ella sería quien acompañaría sus días hasta que la muerte los separara.

Cuando la fama y la popularidad asechan es necesario que alguien administre, oriente y mantenga al personaje de las preferencias con los pies en la tierra y así fue Mercedes para el “Gabo”, la mujer que ponía orden, que decidía a quien su estrella le concedía o no una entrevista, la que lograba el equilibrio entre el Nobel – reconocido en el mundo y el niño humilde nacido en Aracataca el 6 de marzo de 1927.

Fue una persona de carácter fuerte, pero de corazón sensible disfrazado de rudeza, incluso con su amado “Gabo” al que le decía las cosas sin pelos en la lengua, porque así es quizá la forma de expresarle a quien se ama aquellas reflexiones que a veces no queremos escuchar, pero que son tan necesarias en momentos cuando los elogios y el aplauso ciegan la razón y acaloran la cabeza.

Mercedes  nació en el mes de noviembre de 1932 y sus años de infancia los vivió en una población ubicada al norte de Colombia llamada Magangué, en el hogar de una familia de ascendencia egipcia, viendo y ayudando a su padre Demetrio Barcha atender la farmacia, de cuyo oficio derivaba la manutención de ella, su madre y sus cinco hermanos.

Así fue Mercedes Barcha Pardo, centinela y crítica de todos los movimientos del Nobel. Foto: - Archivo particular
Así fue Mercedes Barcha Pardo, centinela y crítica de todos los movimientos del Nobel. Foto: – Archivo particular

Mercedes tenía claro que a los “genios” se les debe dejar trabajar para que saquen a flote todo su talento, por eso se echó a cuestas la responsabilidad del hogar para dejar que su esposo se concentrara en escribir “Cien años de soledad”, la obra que luego le llevaría a la cúspide y le daría todo el reconocimiento, y así lo hizo por más de 18 meses hasta el punto de cuidar los centavos, guardados en un tarro, recursos que sirvieron luego para hacer el primer envió de la novela a la editorial, acumulada en más de 500 páginas.

Sin embargo, los ahorros silenciosos de la “Gaba” no fueron suficientes y luego de haber hecho la mitad del envío tuvo que vender el secador, el calentador y la batidora para hacer la segunda y definitiva remesa.

Lo de Mercedes y Gabo fue un romance adolescente que duro más de 56 años del cual hay dos hijos, Rodrigo y Gonzalo, los dos dedicados a las tareas del arte, la literatura y la producción de contenidos que en cierta forma honran la memoria de su padre y ahora la de Mercedes, la guerrera que les enseñó con mano dura y ternura los valores de la fe, la responsabilidad y la nobleza.

Partió entonces Mercedes Barcha Pardo, tal vez a continuar alentando el alma del escritor, guionista, editor, periodista y seguramente luego del idílico encuentro seguirá siendo la encargada de pasar a máquina, las páginas de otros cien años, pero esta vez de amor y compañía infinita.