Mujer minera – Fabio José Saavedra Corredor – #Columnista7días

La mujer minera enderezo su cuerpo hasta la altura que le permitió el techo del túnel, y encorvada se acercó a la salida de la manguera, por donde insuflaban aire fresco desde la superficie, se quitó la careta y aspiró con fuerza, tratando de llevar oxígeno a sus pulmones fatigados por el esfuerzo del día, la piel de bronce de su rostro, ennegrecida por el polvillo de carbón, estaba marcada por los surcos de las gotas de sudor, sus delicadas facciones se perfilaron con la luz mortecina de una lámpara de baterías, que iluminaba tenuemente el paisaje subterráneo, proyectando sombras angulosas y alargadas, que se movían al vaivén de la lámpara impulsada por el paso de las suaves corrientes de aire, originándose una atmósfera siniestra.

Como el tiempo es oro en este exigente trabajo, se debe producir sin perder un segundo, para que valga la pena el sacrificio bajo tierra, por eso María de Jesús suspendió el descanso, y con renovadas energías regresó a empuñar el pico para seguir arrancándole carbón a las entrañas de la tierra, además, el dueño de la mina pagaba por el peso del carbón extraído.

Ella pensaba, entre golpe y golpe de pico, en su pequeño hijo y su esposo, de quienes  se había despedido a las 5 de la mañana, para llegar a tiempo a la hora de ingreso de los trabajadores en la boca del túnel. En su memoria se repetía el eco de la voz de su amado Ananías, recomendándole tener mucho cuidado y encomendándola a la Virgen de Morcá.

Hacía más de una década que vivían de la minería, a veces se le perdía en la memoria el color de la luz del sol o la suave caricia de su calor, prácticamente su día de luz se reducía al tiempo transcurrido entre las 6 y 7 de la mañana, cuando se desplazaba a la mina, porque cuando volvía a salir a la boca del túnel, la luna ya estaba colgada en el firmamento, su vida la pasaba en la oscuridad, tanto, que a veces la luz natural le molestaba, entonces le imploró al creador para que algún día cambiaran las cosas.

Fue en ese momento cuando percibió un leve olor a metano, escuchó pisadas aceleradas que venían de los niveles inferiores, acompañadas por el sonido de la alarma,  mientras todos trataban de alcanzar la entrada, a su lado vio compañeros y compañeras incapaces para avanzar y ella empezó a sentir el cuerpo pesado, el techo y los travesaños de madera crujieron, las lámparas cesaron de iluminar y la invadió un pesado sueño, en el que siguió volando en sus pensamientos y vio las huellas de su vida talladas con el pico en la roca solo serían un recuerdo perdido en los socavones, donde quedarían sus sueños, sacrificios, sudor y lágrimas de familia.

Todo sepultado en un oscuro túnel por una explosión horrorosa, y se imaginó como si la bocamina fuera un monstruo eructando polvareda y devorando vidas, para llenar los bolsillos de empresarios hijos de una sociedad insensible al dolor y las necesidades ajenas. Y poco a poco, ella se fue quedando dormida, abrazada al recuerdo de su hijo y su esposo.