Los dos niños héroes de la batalla del Puente de Boyacá

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María Estefanía Parra Chinchilla y Pedro Pascasio Martínez Rojas fueron, gracias a sus actuaciones, protagonistas de primer orden en este episodio histórico del 7 de agosto de 1819.

En este óleo, el maestro Delfín Ibáñez representa a la niña Estefanía Parra diciéndoles a los militares patriotas por dónde debían pasar el río Teatinos. Archivo particular
En este óleo, el maestro Delfín Ibáñez representa a la niña Estefanía Parra diciéndoles a los militares patriotas por dónde debían pasar el río Teatinos. Archivo particular

Aunque no estuvo en el campo de batalla, la niña Estefanía Parra jugó un papel importante en lo que iba a ser el desarrollo de este crucial combate.

Ella fue la que señaló el vado del río Teatinos a la vanguardia del general Santander, información que fue decisiva para el triunfo del Ejército Patriota en el Puente de Boyacá.

“En gran manera crecido el río y hondamente encajonado entre altos barrancos cubiertos de árboles y de malezas, no era posible la operación de flanco mientras no fuera vadeado…”, describió José Dolores Monsalve.

La historiadora Rubby Amelia Álvarez de Huertas, de la Academia Boyacense de Historia, señala que la niña María Estefanía Parra, en el fragor de la Batalla del Puente de Boyacá, indicó a los patriotas, exactamente al escuadrón Guías de Casanare, el vado del río Teatinos para que cruzaran y envolvieran a los realistas en la memorable acción.

La historiadora Nelly Sol Gómez de Ocampo, en su obra ‘Mujeres y la libertad, historia, arte y heroínas’, dice que María Estefanía Parra Chinchilla, con tan solo 9 años de edad, ayudó a la vanguardia del general Santander.

La niña Estefanía Parra no es una leyenda: su partida de bautismo se encuentra en la parroquia de Santa Bárbara de Tunja.

El pequeño soldado que se convirtió en símbolo de la honestidad

Cuadro del maestro Efraín Pérez Ballesteros de la captura de Barreiro a manos del niño Pedro Pascasio Martínez. Archivo particular
Cuadro del maestro Efraín Pérez Ballesteros de la captura de Barreiro a manos del niño Pedro Pascasio Martínez. Archivo particular

Pedro Pascasio Martínez Rojas no tuvo una brillante y larga carrera militar, ni gozó de la gloria de otros héroes de la independencia, pero es uno de los soldados más destacados de la patria en toda su historia.

Con apenas 12 años de edad empuñó las armas para darle honor a su terruño, Belén y Boyacá, y dejar un ejemplo perpetuo de honestidad y lealtad a la humanidad.

Su ingreso a las filas patriotas se dio cuando Juan José Leiva, eximio patriota boyacense de Belén, alojó al general Simón Bolívar en su casa.

Allí cedió a uno de sus efectivos peones para que acompañara al Libertador como tenedor de sus caballos: “era un muchacho vivaracho y despierto, de apenas 12 años, llamado Pedro Pascasio Martínez”.

La hazaña de este niño soldado boyacense quedó registrada en el parte de victoria de la Batalla del Puente de Boyacá, que escribió el general Carlos Soublette, jefe del estado mayor del Ejército, el 8 de agosto de 1819 en Ventaquemada.

Lea también: Los Protagonistas de la Batalla del 7 de Agosto de 1819 en Boyacá

“Todo el ejército enemigo quedó en nuestro poder; fue prisionero el general Barreiro, comandante general del ejército de Nueva Granada, a quien tomó en el campo de batalla el soldado del Primero de Rifles, Pedro Martínez”, rubricó Soublette.

El Centro de Estudios Históricos del Ejército Nacional describe la participación del niño de Belén en las tropas de Bolívar así:

“El soldado Pedro Pascasio Martínez Rojas hizo parte del Batallón Rifles al mando del teniente coronel Arturo Sandes, que hacia parte de la retaguardia del Ejército Libertador”.

Cuando el Ejército Patriota venció a las tropas realistas, el oficial José María Barreiro intentó escapar, pero se encontró con el soldado Pedro Pascasio.

“Este reconoció al militar español y a pesar del soborno que Barreiro le ofreció, Pedro Pascasio Martínez Rojas hizo caso omiso de tal ofrecimiento y lo tomó como su prisionero”, recalca el relato del Centro de Estudios Históricos del Ejército.

Varios historiadores narran que, tras negarse a recibir el soborno, el niño, que iba acompañado por el ‘Negro José’, le dijo a Barreiro: “siga adelante, sino nos lo arriamos” y le puso de nuevo la lanza en su cuerpo.

“Una vez capturado el general Barreiro, Pedro Pascasio lo llevó a la Casa de Teja donde se encontraba el general Simón Bolívar, quien lo ascendió al grado de sargento y le otorgó la suma de cien pesos”, cuenta el Ejército Nacional.

Lamentablemente la bonificación y el rango militar se quedaron solo en las palabras del Libertador, pues luego de que el Ejército Patriota partiera victorioso hacia Santa Fe, Pedro Pascasio se quedó en su natal Belén, dedicándose al oficio de leñador, labor que realizó durante toda su vida.

Nunca más retornó a la milicia y solo 60 años después, en 1880, mediante la Ley 93 del 18 de agosto, el Estado le concedió a Pedro Pascasio una pensión vitalicia de 25 pesos, que disfrutó durante poco tiempo, ya que el 24 de marzo de 1885 murió en su pueblo a los 78 años de edad.

Algunos aseguran que Martínez Rojas solo cobró su pensión una vez, ya que únicamente se la pagaban en la capital y ese era un viaje costoso y complicado.

Momento en que el niño Pedro Pascasio Martínez conoce al general Simón Bolívar, en la casa de Juan José Leiva, en Belén, donde se alojó el Libertador. Archivo particular
Momento en que el niño Pedro Pascasio Martínez conoce al general Simón Bolívar, en la casa de Juan José Leiva, en Belén, donde se alojó el Libertador. Archivo particular

Su acto heroico y leal, si bien no fue reconocido debidamente por la patria a la que sirvió, es ni más ni menos que la muestra de la honestidad y la honradez de los campesinos boyacenses.

El niño soldado rechazó el oro que lo hubiera hecho rico y con el que habría podido atender las necesidades de su humilde familia, pero a cambio ganó la gloria de ser uno de los héroes de la Campaña Libertadora y pasar a la historia junto a grandes militares.

En su pueblo natal se le rinde homenaje a este campesino, al igual que en muchos rincones de Boyacá donde se conoce su gesta.

Algunos cuestionan el actuar de Martínez

No falta quienes han cuestionado la actitud de Pedro Pascasio Martínez Rojas, porque afirman que por ser un niño no conocía el valor del oro.

Así buscan restarle méritos a una acción de honradez, honestidad y de lealtad para con su Ejército y la patria a la que defendía.

El escritor boyacense Fernando Ayala Poveda manifiesta que otros aseguran que Pedro Pascasio no aceptó el soborno porque no sabía leer ni escribir, y no entendía lo que era ese mineral dorado que le ofreció Barreiro a cambio de que lo dejara en libertad.

“Por consiguiente ponen en duda su honradez: que falacia más grande, porque Pedro Pascasio Martínez era un niño heredero de los valores de sus ancestros, de sus tatarabuelos, abuelos y padres”, recalca.

Dice que con el azadón y abriendo el surco se tienen unos ideales, una ética y un sentido del honor y la palabra como la que siguen teniendo los agricultores del departamento de Boyacá.

Fotografía tomada a Pedro Pascasio Martínez Rojas en su ancianidad, con la humildad en que siempre vivió. Foto: archivo particular
Fotografía tomada a Pedro Pascasio Martínez Rojas en su ancianidad, con la humildad en que siempre vivió. Foto: archivo particular

“Es gente recta, recia y fiel. A quién se le ocurre no concebir a un boyacense que no esté trabajando con el sol a la espalda, sembrando los frutos que la humanidad necesita”, indica.

Este escritor agrega que, el niño Pedro Pascasio Martínez Rojas da un sentido del honor a la patria.

“Es un paradigma de honor y de belleza; es que no hay cómo un niño: es el niño más elevado y es el niño humilde, el agricultor, el niño campesino a quien no se le reconoció una pensión a tiempo y a quien el Estado no le ayudó como debería haber hecho”, señala.

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