El caso del Hotel Hunza, una vergüenza para gobernantes y la justicia en Boyacá #Editorial7días

‘Luego de 42 años, el Hotel Hunza vuelve a ser de los boyacenses’. Este solo titular con el que la Gobernación resumió la ‘gran noticia’ ayer, por sí mismo ya es un absurdo, pero irónicamente es una radiografía de los excesos o vacíos en el cumplimiento de las leyes, de las normas y, desde luego, de la justicia que tenemos en ‘el país del Sagrado Corazón’. De paso, este caso deja ver las malas y paquidérmicas administraciones, la desidia y desdén que ha tenido nuestro departamento en más de cuatro décadas, para casos como este.

Todo comenzó por allá en 1977, cuando la Beneficencia de Boyacá (hoy Lotería de Boyacá) entregó en una figura de concesión ‘la joya de la corona’: el Hotel Hunza, a la Organización Hotelera Germán Morales e hijos para su uso y explotación; pero cuando, en 1983 el departamento les reclamó el inmueble, comenzó una cascada de excesos, leguleyadas y absurdos jurídicos que solo hasta el pasado 5 de julio, es decir 37 años después, en un fallo que se acaba de conocer, ratifica que el hotel se debe devolver a su dueño: la Lotería de Boyacá, como ya lo había ordenado en 1995 al declarar nula la concesión del inmueble, pero que no se había cumplido.

Pero si hasta ahí ya el caso podría servir para un análisis de lo que no debería pasar en lo administrativo y lo judicial en un Estado serio, resulta que los exabruptos no paran en ese punto. A toda esa avalancha de irregularidades, decisiones, actos de corrupción y acciones que llaman la atención, se suma el que en el 2005 el gerente de la Lotería, Rafael Rojas, por un error craso le resultó escriturando, además del parque Santander y la Plazoleta San Francisco, que pertenecían a la Lotería, el Hotel Hunza al municipio de Tunja, un bien que podría costar un poco más de 20 mil millones de pesos.

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Ahora tendrán que ocuparse tanto el departamento como el municipio, de un nuevo pleito que ya ha contado con algunas escaramuzas en estos 15 años, en el que mientras el departamento asegura ser el dueño legítimo y mantiene la posesión del bien, el municipio que, gracias a un error del momento, resultó como dueño en las escrituras y matrícula inmobiliaria.

Lo cierto es que, tras el absurdo de escriturar el bien por accidente, las dos partes han cometido fallas desde la parte jurídica con las que se entiende por qué es que casi nunca el Estado gana un pleito. Primero, el departamento tenía dos años para demandar la escritura que se hizo por error y que esta fuera anulada, cosa que no ocurrió, pero, en segundo lugar, el municipio tenía máximo 10 años para tomar posesión del bien, pero tampoco lo hizo. Como quien dice, están en tablas, para utilizar un término del juego del ajedrez.

Así las cosas, tras el pleito de 42 años, que finalmente terminó a favor de la Lotería (departamento), se avecina un nuevo pleito, por falta de voluntad política para solucionar el problema, esta vez por parte de dos gobiernos que acaban de llegar, pleito que con el paso de los años terminará ayudando al deterioro del inmueble, ya que la Lotería tiene la posesión del bien, pero no cuenta con las escrituras, y el municipio tiene las escrituras, pero no puede tomar posesión del inmueble.

Para cerrar, unos interrogantes: ¿Cómo es que unos particulares se apropian de un bien y lo disfrutan durante 42 años, inclusive desacatando fallos judiciales, y no pasa nada? ¿Cómo es que un gerente de la Lotería y luego el secretario de Hacienda de la Gobernación le escrituran el hotel al municipio disque por un error y no pasa nada? ¿Cuándo la gobernación de Boyacá va a recuperar el Hotel Sochagota de Paipa, que actualmente está en manos de terceros?.