Retorno a la bondad – Fabio José Saavedra Corredor – #Columnista7días

Hay momentos en los que nuestra conciencia es una voluta de humo impulsada por la más leve brisa, en el espacio infinito de la imaginación entonces nos sentimos frágiles ante la adversidad y la incertidumbre del futuro, esta es una sensación recurrente producto del aislamiento prolongado, una de las opciones inmediatas de protección  ante la vulnerabilidad de la vida.

Hoy percibimos que estos azotes epidémicos son reiterados en la historia de la humanidad. Son ciclos que impactan, dejan huella y se retiran. Tienen como una especie de apetito histórico que se satisface con la muerte y el dolor humano, como si la dinámica en el proceso de los tiempos requiriera de estos eventos complejos.  Normalmente, después de estos lamentables episodios el ser humano revive y fortalece su vida espiritual, como si el dolor fuera un estimulante para retomar y retornar al camino de la bondad y la esperanza,  y entiende que no somos antropofágicos, obsesionados por el poder para atropellar, apabullar  y explotar a nuestros semejantes, sin olvidar que la esencia social de la vida y la naturaleza es servir a los demás con una visión asertiva.

!Qué barbaridad!, esta situación despertó la sensibilidad, en la consciencia de la franja de la humanidad que tiene y puede servir, el día que vieron emerger de las entrañas de los desposeídos bostezos  prolongados, como actos reflejos, porque ya estaban acostumbrados a alimentarse con las lágrimas rebeldes que rodaban por sus mejillas tiernas, o labradas prematuramente por los surcos del tiempo y la injusticia, hasta que un día el estómagos se les pegó al espinazo, acostumbrándose a vivir como Lázaros.

Hoy, este recuerdo tallado en las huellas del camino de la vida, fortalece el soporte de un mañana con justicia, donde la angustia, dolor y tristeza serán los cimientos para construir un futuro seguro y promisorio.

-Publicidad-