Relaciones impersonales en la virtualidad – Carlos David Martínez – #ColumnistaInvitado

Es fácil decir que las relaciones en ambientes virtuales son impersonales, pero el tema recobra importancia en la contingencia actual que ha obligado al desarrollo del teletrabajo y a la implementación de la educación virtual, actividades que en condiciones “normales” se suelen considerar altamente “personalizadas”.
En los ámbitos laborales el tema puede resultar poco preocupante. Por una parte, es común aceptar o dar por sentado que los entornos organizacionales son impersonales, aunque hay empresas que se esfuerzan por tener un clima confortable y por promover relaciones interpersonales armónicas, al menos no conflictivas y que promuevan el trabajo en equipo para el logro de sus objetivos.
De esta manera puede ser suficiente relacionar que, de acuerdo al campo del derecho laboral, se mantienen relaciones relativamente similares a las presenciales con la mediación virtual: puede cumplirse horario, existe subordinación, es la persona quien ejecuta las labores asignadas; aunque puede variar el principio que aplica que el empleador provee las herramientas de trabajo (en los casos que efectivamente son del trabajador).
Históricamente un tema reiterativo desde la primera revolución industrial es el desplazamiento de la mano de obra por las máquinas a vapor o eléctricas antes, y hoy por los robots, pero éste no sería propiamente un caso de despersonalización (de la persona, valga la redundancia), sino de desplazamiento de la mano de obra humana, valga también el pleonasmo.
Pero el tema en el campo educativo se torna preocupante si se piensa que, para los niños, niñas y jóvenes, es más apremiante la necesidad de socializar (término muy asociado con el fundamento sociológico de la educación).
Por otra parte, cuando se habla de enculturación se hace referencia a la transmisión de valores y patrones culturales (término más propio de la antropología). En este punto vale aclarar que lo importante no es cual disciplina explica mejor un fenómeno particular, el reto estaría en delimitar si con las condiciones actuales los entornos familiares colombianos logran garantizar patrones adecuados de socialización, enculturación y aprendizaje con la intermediación virtual.
Los pesimistas plantean que la cuestión es desastrosa por la escasa interacción humana, por la pérdida de la “mística” del encuentro, mientras los optimistas se animarán a afirmar que las tecnologías como el machine learning y la inteligencia artificial pueden hacer más personalizados los procesos formativos al llegar a niveles de perfilamiento psicológico, con algoritmos que ya se han desarrollado en el campo del markenting digital para la propaganda política, el análisis de patrones de consumo y navegación, incluso para la toma decisiones en inversión bursátil.

Acá cabe un debate más profundo en cuanto a qué puede aplicar a ambientes presenciales y virtuales, qué tiene que ver con el tipo de persona (individuo, sujeto, ciudadano) que formamos con la educación institucional o convencional:

¿formamos solamente consumidores y trabajadores (homo faber), o personas capaces de pensar, sentir y amar (homo sapiens), o ciudadanos con capacidad de deliberación en una democracia participativa (homo loquens)?.
Pensemos que la educación puede permitir el desarrollo de personas que aprenden jugando (homo luden), o personas preocupadas por el poder, la administración y la convivencia (homo politicus).
Para cada caso podemos pensar escenarios y métodos diferentes de “personalización”.