La letra con sangre…entra pero destruye – Catalina Pulgarín – #Columnista7días

El 28 de agosto de 2019 se radicó en el Congreso de la República el proyecto de ley que busca prohibir toda forma de castigo físico, tratos crueles, humillantes o degradantes como método de corrección contra niñas, niños y adolescentes.

La iniciativa fue emprendida por la Alianza por la Niñez Colombiana, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y sectores de la academia, y sugiere que se acoja la definición del Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño respecto al castigo físico.

Ese concepto de Naciones Unidas indica que “toda acción de crianza, orientación o educación en la que se utilice la fuerza física y que tenga por objeto causar cualquier estado de dolor o malestar, así sea leve, con el fin de ejercer autoridad, disciplinar o corregir”, es un castigo físico.

También plantea adoptar la definición de castigos crueles y humillantes, que según este Comité son “toda acción de crianza, orientación o educación con la que se menosprecie, humille, denigre, estigmatice, amenace, atemorice o ridiculice al niño, niña o adolescente, con el fin de ejercer autoridad, disciplinar o corregir”.

Es decir que con la ley se pretendería acabar, inclusive, y ojalá ello fuera así, con las palmadas, pellizcos y gritos y con cualquier tipo de acción o reprimenda  fuerte contra los menores de edad, por considerar que estos comportamientos tienen repercusiones en el desarrollo físico, cognitivo y emocional de los niños y pueden generar daños en su salud.

Este proyecto se radicó casi dos meses después de que el Parlamento francés adoptara el 02 de julio del 2019 la ley que prohíbe la violencia física y psicológica y pretende evitar que los padres peguen a sus hijos. Para ello, entre otras medidas, se dispuso que se leyera en los rituales de matrimonio una advertencia del siguiente tenor: «la autoridad parental se ejerce sin violencia física o psicológica».

Francia se convirtió en el país número 56 de los 193 Estados miembros de Naciones Unidas, en adoptar una ley contra el maltrato infantil, recibiendo en  el último trámite en el Senado, el voto unánime de los parlamentarios presentes en esa cámara. Allí se expuso que un 87% de los niños son objeto de «prácticas punitivas y coercitivas» que utilizan sus padres con un argumento «educativo».  Según lo manifestó en ese momento el secretario de Estado Francés, partidario de una educación benevolente y de la igualdad de derechos para niños y adultos: «Nada es más falso que la idea de que las violencias educativas ordinarias forjan el carácter».

Suecia, uno de los países más desarrollados del mundo la eliminó desde 1979. En América Latina países como Argentina, Bolivia, Brasil y Uruguay hacen parte de las 56 naciones que han acogido medidas similares para proteger a los niños. Un país como Colombia que quiere erradicar la violencia no puede pretender educar a los menores  a través del maltrato.

Sin embargo no parece una tarea fácil de lograr en nuestro país. Varias corrientes al interior del Congreso consideran que es necesario castigar físicamente a los niños para educarlos, que legislar en este tema es una invasión a la autonomía que tienen los padres y las familias para la crianza de sus hijos, o que si no hay castigo físico se puede salir de las manos la educación de los menores. Defienden la posibilidad de un castigo aunque sea leve, porque en su criterio hay ocasiones en las que se hace necesaria una palmada, un correazo o un insulto.

Nelson Mandela, Premio Nobel de la Paz en 1993, en el prólogo del Informe mundial sobre la violencia y la salud de 2002, escribió que “A nuestros hijos, los ciudadanos más vulnerables de cualquier sociedad, les debemos una vida sin violencia ni temor».

La violencia, siempre y sin lugar a dudas, aunque sea en dosis pequeñas, constituirá una forma errada de educar a los menores. Creer que hoy somos “buenas personas” porque en la etapa de infancia se recibió  instrucción y corrección mediada por maltrato físico o sicológico, es un concepto erróneo. La dignidad humana no discrimina la edad de la persona; los golpes o los tratos degradantes no educan y sólo promueven ciclos interminables de violencia.

Sólo a manera de ejercicio mental analicemos lo siguiente. Para un niño las representaciones de la autoridad son, generalmente, sus padres, mientras que para un adulto esa representación radica en autoridades como el juez, el fiscal, el policía, entre otros. Qué pasaría si fuera legal (porque de manera ilegal tenemos casos ocurridos la última semana, como el de George Floyd en Estados Unidos),  que el juez o el policía propiciaran un puño o una cachetada a la persona que incurre en una contravención, una falta o un delito. Por supuesto que el adulto se sentiría humillado y con plena seguridad desarrollaría una aversión u odio hacia esa figura de autoridad.

En algunos casos el adulto podría optar por responder con otra agresión física ante el estímulo de la primera;  en otro casos solo  guardaría silencio y  aceptaría el maltrato,  y quizás,  solo depronto, no volvería a cometer la infracción, pero su ira y ese sentimiento de indefensión y de sometimiento “a las malas” de seguro determinarían en gran parte su comportamiento en su entorno.

Exactamente eso es lo que ocurre con los niños, pero con un agravante: el niño siempre debe someterse porque no puede defenderse.  El niño siempre debe asumir la opción de quedarse quieto, buscar esconderse, huir del maltrato o aceptarlo con sumisión, lo que conllevará a graves secuelas en sus ámbitos emocional, físico e intelectual.

Claramente la única solución no radica en la ley contra el maltrato infantil. No significa que al día siguiente de expedida (si es que se logra), no existirán niños golpeados, encerrados o humillados.  Habrá mucho que hacer en torno al cambio de la cultura, pero será un paso importante que existan sanciones contra estas conductas que atentan contra la integridad física y moral de los menores, su dignidad y su libre desarrollo.

Y ante la pregunta obligada: ¿Entonces qué vamos a hacer cuando los niños o adolescentes necesiten ser corregidos? de seguro existirán variadas y creativas estrategias, sanas, amorosas y respetuosas, pero por favor, la respuesta nunca estará en la violencia.

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