Olvido y vergüenza social – Fabio José Saavedra – Columnista7días

El reloj de la torre en la iglesia del pueblo marcó las cinco de la mañana, cuando la luz del nuevo día empezó a insinuarse por las hendijas de las ventanas. El amanecer recibía los alegres trinos de las aves albergadas en un frondoso cedro centenario, agradeciendo al creador antes de iniciar el vuelo en busca del alimento para ellas y sus polluelos.

Entonces, salí lentamente de las cobijas, abriendo las ventanas para que los raudales de luz y aire fresco invadieran la habitación. No había dormido en toda la noche, sentí la mente reclamando el sueño y una pregunta recurrente martilló en mi cabeza sin encontrar respuesta, hasta que me llevó a ese estado de vigilia donde no se está dormido ni despierto.

Sentí que caía en un pozo profundo, en el que descendía lentamente sin llegar a tocar fondo, mi espíritu sufría de algo que los sacerdotes llaman remordimiento de conciencia. Realmente me dolía el alma, pensando en que la sociedad y la historia tienen una deuda acumulada durante siglos, con el ser humano que a las seis de la mañana ya lleva horas trabajando para garantizar la seguridad alimentaria a una sociedad injusta, que no lo valora y lo invisibiliza.

A ese productor rural no le importa si llueve o hace sol, si hace frío o cae hielo, si está enfermo o no se ha repuesto del cansancio acumulado, si el rocío de la mañana acaricia su piel curtida por el sol y el viento.

Es doloroso que nadie reconozca su amor por la parcela, y sin embargo, ellos perseveran, en medio del abandono social y del gobierno, motivados solo por la alegría que les prodiga ver sus ilusiones germinar en el surco y luego florecer con el riego del cielo, desamparados, porque el día de la cosecha el intermediario usufructuará sus esfuerzos, en un mercado injusto donde le imponen precio los que no siembran.

Hoy, en medio de la pandemia, siguen entregando comida a nuestras mesas y calmando nuestros bostezos, nadie se acuerda de ellos, solo el olvido, la injusticia y el frío seguirán acompañándolos a las cinco de la mañana al ordeño, mientras que no reconozcamos sus esfuerzos con políticas y leyes que reivindiquen su importancia dinamizadora en todos los sectores de desarrollo del país.