Oremos a la bondad de la vida – Fabio Saavedra Corredor – #Columnista7días

Oremos con la esencia vital que emerge de nuestro origen, con la libertad y alegría de las aves cuando nos saludan con sus trinos y cantos, agradeciendo todas las mañanas al Creador, por la vida, por el nuevo día y la posibilidad de emprender el vuelo buscando el alimento, para acallar los ruegos de sus polluelos, que ansiosos estiran sus tiernos cuellos y con picos hambrientos, aprendiendo de mamá mirla las notas del canto a la vida, en la mañanas frías de invierno o en la frescura de la primavera.

Oremos, con ese amor que no vemos, pero se siente en la consciencia, en el aroma donde se anima y alienta el espíritu en los seres buenos, no nos privemos del derecho a disfrutar lo nuestro, lo que hemos dejado dormido tanto tiempo, hasta llegar a la latencia.

Esto marca la diferencia, es el brillo que en nuestros ojos refleja sensaciones y sentimientos, donde se leen alegrías y tristezas propias y ajenas, o cuando brota una lagrima trémula, un gemido tenue o un suspiro interminable nacido en las entrañas profundas de los recuerdos, vividos con la ternura inefable de los padres que ya se fueron y buscando con ansias al Dios del cielo.

Oremos, hacerlo es animar el fuego que forja a los hombres buenos, los que disfrutan la oración sin temores, la que une y renueva, en medio de la oscuridad o el cielo abierto, no nos neguemos lo que nada nos cuesta.

En una oración se siembran y cosechan ilusiones y sueños, con una oración aligeramos lastres del pasado, para volar libres como aves o nadar como peces en aguas cristalinas, sin dolores, ni remordimientos de conciencia, dialogar con el arquitecto del universo ilumina el camino y nos protege en el riesgo. Como decía mi abuela con su sabiduría ancestral: “hijo, donde estés, ora, no importa que no estés en una iglesia”.