De profesionales de la música a la fábrica de empanadas – José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días

¿Quién no recuerda la aplaudida película de la fábrica de chocolates, donde un niño pobre y cuatro jovencitos ricos ganan un paseo a la increíble empresa de un raro fabricante de dulces?

El film nos narra la historia de “Charlie Bucket”, un niño que vive con sus padres y sus abuelos maternos y paternos en una humilde casa donde pasan hambre y sienten frío, sobre todo cuando su padre es despedido del trabajo.

Pues bien los personajes de esta historia también fueron despedidos de sus trabajos pero en esta oportunidad, no por su patrón, sino por un poderoso desconocido que llegó sorpresivamente conocido como el “Coronavirus”.

El argumento de esta novela nos relata la hazaña de un grupo de virtuosos músicos de la capital boyacense que se dieron a la tarea de “reinventarse”, pero en esta oportunidad no precisamente en su arte, porque como se ha dicho uno de los sectores más golpeados por la crisis económica es el de los músicos y creativos que no tienen opción alguna ante la falta de oportunidades, el estancamiento de procesos formativos, la cancelación de eventos, reuniones sociales y la ausencia de escenarios donde su experiencia profesional era contratada y valorada.

Por fortuna hay otro oficio muy cercano a los creadores como la culinaria, por eso grandes artistas tienen sus propios restaurantes y generan otros ingresos de la venta de alimentos, como una actividad afín a su carrera artística.

Este es el caso de varios músicos Tunjanos que decidieron abrir una empresa de empanadas a la que llamaron “Empanadas de la abuela”, con exquisitas recetas que hacen parte de un creativo e ingenioso menú.

En sus plataformas de promoción estos talentosos músicos dicen que las tentadoras empanadas son elaboradas con productos naturales y su cocción se hace en estufa de leña, lo que les da un sabor sin igual al estilo de aquellos tiempos cuando las abuelas sazonaban los alimentos con utensilios del ancestro.

Con la misma habilidad que estos maestros utilizan sus manos para recrearlas por el mástil del tiple, la guitarra, la bandola o el contrabajo, así también emplean esa habilidad para lidiar con cariño la masa, hasta lograr el punto que define la elaboración de una crujiente empanada.

En esta época del “reinvento” se vuelven a poner de moda las frases de los abuelos, aquellas que a veces repetimos cuando queremos dar respuesta a las volteretas de la vida, “el trabajo no es deshonra”, o “cuando uno se queja de su trabajo, que lo pongan a no hacer nada”.

Lo cierto es que hay que comer, mantener la familia, pagar arriendo, servicios y en especial el internet, que son por estos tiempos los únicos medios para interactuar y estar conectados con esa realidad que está afuera.

Ojalá se apoyen estas iniciativas de micro empresa familiar y quienes aún conservan su empleo, se acuerden de vez en cuando que nuestro vecino puede estar también “reinventándose” y necesita de una mano solidaria.

Combos, separadas y al por mayor, las “empanadas de la abuela”, 100% criollas, son una buena alternativa para degustar en casa y de paso respaldar esta alternativa de trabajo digno, emprendida por algunos artistas valientes, que no se “arrugan” ante nada.

Que el “Charlie” de esta historia tenga tanto éxito como el “Willy Wonka” de la fábrica de chocolates y la vida los premie, como premió a los afortunados ganadores de los boletos que encontraron embalados entre las barras de caramelos.

A comer empanadas y auxiliar a estos talentosos músicos a quienes ayer aplaudíamos por su talento y buena música y hoy ovacionamos de píe por su ¡berraquera!.

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