Un día del trabajo sin trabajo – José Ricardo Bautista Pamplona – Columnista7Días

Todos los años recordamos la historia que llevó a establecer el 1° de mayo como el día internacional del trabajador o la conmemoración del movimiento obrero mundial donde se realizan algunas actividades para reivindicar la labor de la clase asalariada.

Las memorias escritas en publicaciones definen este día como la fecha utilizada para conmemorar la lucha de un grupo de mujeres de Chicago en los albores de la revolución industrial de los Estados Unidos.

Hagamos memoria, a finales del siglo xix Chicago era la segunda ciudad en número de habitantes de los Estados Unidos y allí llegaban cada año por ferrocarril los ganaderos desocupados, creando las primeras villas modestas que albergaban a cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron también a emigrantes llegados de todo el mundo.

8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de ocio era la consigna de los grupos o movimientos que surgieron en la época para representar la “lucha” de esas  clases trabajadoras.

En 1886, se impuso la ley Ingersoll propuesta por el presidente Andrew Johnson que establecía la jornada de 8 horas, sin embargo 19 estados sancionaron leyes con jornadas máximas de ocho y diez horas, pero incluían cláusulas que permitían aumentarlas entre 14 y 18 horas, lo que ocasionó la movilización de las organizaciones sindicales en rechazo y oposición.

El 1° de mayo entonces se rinde tributo a los llamados Mártires de Chicago, un grupo de sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados por revelarse para exigir sus derechos laborales y se da inicio a una huelga por parte de los trabajadores de la ciudad industrial de Chicago, liderado por Albert Pearsons, junto a más de 80.000 trabajadores, para luego extenderse a cerca de 400.000 trabajadores en 5.000 huelgas simultaneas.

En la plaza principal de Haymarket Square, Chicago, el 4 de mayo se desató una de las más grandes masacres que arrojó cientos de muertos pasando a la historia como la revuelta de Haymarket, que ocasionó la declaratoria del estado de sitio y el toque de queda con la detención de  centenares de trabajadores que fueron torturados y masacrados.

La sangre derramada ese día infernal en Chicago, sirvió para que a finales del mes de mayo de 1886 muchos de los patronos accedieran a establecer la jornada de 8 horas y de allí se deriva el nacimiento de varias agrupaciones sindicales que refugian en estos hechos, sus ideales en defensa de los derechos de los trabajadores.

Teniendo como como referencia ese 1° de mayo, cada año por esta fecha los sindicatos convocan a los trabajadores de diferentes sectores y salen a las calles para avivar las protestas por las legislaciones que consideran lesivas para los empleados y organizan las marchas para exigir mayores garantías que favorezcan el sector obrero asalariado.

Pero como todo lo inédito sucedido en este tenebroso 2020, hoy hay silencio en las calles no solo por el aislamiento y la cuarentena sino porque miles de personas se quedaron sin empleo a causa del desmoronamiento sigiloso del sector empresarial y paradójicamente los funcionarios públicos que salían a las marchas a protestar son los únicos que por encima de todo pronóstico mantienen sus trabajos y saben de lo valioso que resulta en momentos como éste, contar con unos ingresos fijos para el sustento de sus familias.

Hoy y a diferencia de otros años, la protesta no solamente es de los trabajadores, sino ahora de los empresarios o patronos que han quedado totalmente desprotegidos, porque en apenas 40 días han visto como lo construido durante años se fue para el suelo como si se tratara de la repetición del nefasto derrumbe de las “torres gemelas”. Su economía se esfumó y sus activos no presagian ni siquiera la garantía de pagar los fantasiosos créditos de la banca anunciados por el gobierno porque su unidad de negocio ya no existe.

Así es este inédito día del trabajo sin trabajo, sin oportunidades, con un arrume de normas redactadas a última hora de manera improvisada, con cientos de preguntas y solicitudes elevadas al ministerio sin respuesta, con la “reactivación” de algunos sectores que no encuentran la fórmula para “reactivarse” y con una frase que para muchos parece más una cita romántica que un hecho posible. “el “Reinvento”.

Un 1° de mayo donde ya no se lucha por las 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de ocio como lo hicieron los “mártires”, sino por tener empleo para llevar el pan a la mesa y sostenerse en medio de una crisis implacable que no conoce de rangos, estratos o clases sociales.

Un 1° de mayo donde el tirano ya no es el anarquista August Spies, sino otro peor y más traicionero conocido con el alias del COVID-19.