¿Ahora si todos son artistas? – José Ricardo Bautista Pamplona – #Columnista7días

Hasta el día de ayer había plazo para diligenciar las inscripciones y los formularios del programa que lanzó el gobierno nacional a través del decreto 561 de 2020, del ministerio de cultura y la resolución 630 del 21 de abril de esta anualidad, donde se fijaron los términos para la postulación de los creadores y maestros al posible otorgamiento de un incentivo económico proveniente del apalancamiento transitorio de recursos del impuesto nacional al consumo con destino a la cultura, el cual consistirá en tres pagos mensuales por la suma de $160.000 pesos colombianos.

Esta fue una convocatoria relámpago ya que en muchas regiones se abrió el sábado 25 de abril con fecha límite de cierre del día lunes 27 del mismo mes a las 5:00 pm y según se informó, los artistas debían ingresar a la página web de la gobernación o alcaldía de la zona donde habitan para acceder a dicho formulario.

Hasta SAYCO envió a sus afiliados esta invitación donde afirmaba que este era un programa del gobierno nacional, sobre el cual la entidad recaudadora no iba a tener ninguna injerencia en la asignación de los incentivos y por ello insistieron en que cada afiliado, autor o compositor debía hacer su registro de manera individual.

El caso es que las páginas de los municipios colapsaron y en muchas ciudades aparecieron más artistas que habitantes, todos aspirando a ser beneficiados con los incentivos anunciados por el gobierno nacional a través del ministerio de cultura.

Históricamente se ha sabido que este sector es uno de los más abandonados por los gobiernos de turno y al que menos recursos se le asigna porque no ha sido fácil hacer entender a todos, y en especial a los mandatarios, que el cultor es un profesional como cualquier otro y que sus servicios hacen parte de ese inmenso abanico de ofertas por el cual hay que pagar.

Hoy cuando la pandemia cambio el curso de la historia, los virtuosos que han sido los más desprotegidos vuelven a ser damnificados, y de qué manera porque los que viven de amenizar una ceremonia religiosa, un evento social, de la composición de versos, la dramaturgia, la creación coreográfica, el manejo hábil del lienzo y el cincel, o de buscar unos pesos en los festivales y eventos, actividad que alternan con la pedagogía y la enseñanza, no saben qué camino coger y cómo sostenerse en el debacle de la economía nacional.

Lo cierto es que ahora cuando se anuncian unos pesos mínimos para el sector, todos se volvieron artistas y salieron a reclamar por estos incentivos, un problema más que tienen en sus manos los dirigentes de la cultura, los gobernadores y alcaldes, para seleccionar y clasificar los formularios y establecer también en tiempo récord, cuántos de los inscritos son verdaderamente artífices del arte y cuántos viven de esta profesión ya que tampoco se puede confundir a un consagrado exponente que vive del arte con un estudiante en proceso de formación.

Ojala se hubiera visto tantos artistas en los eventos y festivales donde casi siempre hay que echar mano de los escuadrones del ejército para llenar los aforos de los teatros a falta de los mismos cultores y amantes de las manifestaciones más nobles del espíritu a quienes muy poco se les ve por esos lados.

Mientras se seleccionan los formularios para que unos pocos puedan acceder a los anunciados beneficios, este sector seguirá tratando de “reinventarse” ofreciendo serenatas virtuales, material didáctico, galerías virtuales con obras a muy bajos costos y cuanto más se les ocurra a los creativos para sobrevivir a una crisis sin precedentes en la historia.