Resurrección de la familia – Fabio Saavedra Corredor – #Columnista7días

Esto es una historia de locos. La nueva realidad cayó como un meteorito gigantesco en mitad del océano, y como el Krakatoa estremeció la humanidad desde sus cimientos. Quién iba a decir que tendríamos que vivir esta experiencia tan fuera de toda lógica, provocada por un ser invisible e insignificante, pero capaz de destruir al ser más inteligente: el ser humano.

Muy difícil anticipar que, de la noche a la mañana, nos tuvimos que encerrar con mis hijos pre- adolescentes y mi esposa, por un tiempo indefinido, en un área que se reduce a 100 metros cuadrados, que debíamos olvidar todas las rutinas laborales y escolares,  el entorno del diario vivir, que los gustos, amigos, actividades e intereses individuales habían desaparecido en un día y que la vida pasada se había quedado afuera, como si al ayer y al presente simplemente los separara una portada de cementerio y que el pasado estuviera muerto.

Esto impacta y agobia a las mentes débiles, golpea a la soberbia y la prepotencia, acaba con la mentira de muchos, cuando viven en el engaño, obligándolos a aterrizar en la pista de una realidad insospechada, a la que no pueden timar, mucho menos  esquivar.

Ese día nuestra vida cambió del cielo a la tierra; cuando con mi esposa, después de preparar el almuerzo con vegetales frescos, descubrimos que la casa tenía un espacio llamado comedor, en el que volveríamos a ser familia, como en el tiempo de los abuelos.

Después de llamar repetidas veces a los hijos, sin obtener respuesta, almorzamos y recogimos la mesa acordando una estrategia para los hijos rebeldes. A partir de entonces, cambiaron también las normas, porque con el hambre llegó la obediencia, la disciplina, el respeto al llamado paterno, la tolerancia y lo más importante, el diálogo y el trabajo en equipo, para así, entre todos, poder afrontar y vencer el reto de la convivencia en confinamiento,  acabando la pseudo familia moderna, para retornar a la familia de los abuelos.