Lo que vivió Boyacá hace 102 años debe servir de experiencia para esta pandemia

En 1918 un virus mundial llegó al departamento gracias a los turistas que viajaban constantemente a Boyacá, especialmente a centros de peregrinación y lugares de abastecimiento de productos.

Para esa época, el virus se extendió por el territorio y cobró la vida de más de 3.000 boyacenses.

Según Abel Martínez Martín, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (Uptc), y quien fue uno de los investigadores de la pandemia de 1918, el trabajo realizado durante más de 15 años, si bien es cierto no da respuestas y orientaciones concretas para enfrentar el coronavirus, sí debe servir para prevenir los posibles contagios en esta época.

Martínez Martín indicó que en ese entonces se hizo un trabajo con todos los municipios de Boyacá, buscando incluso en los libros de defunciones de las parroquias y se logró así recopilar información de 94 localidades.

“Allí pudimos conocer lo que sucedía en los territorios, antes, durante y después de la pandemia. Documentos que demostraron la circulación del virus desde regiones como Chiquinquirá o centrales de abastecimiento de alimentos”, explicó Martínez Martín.

Según el investigador, el virus ingresó por Chiquinquirá al ser un centro de peregrinación nacional y, también, en los puntos principales de abastecimiento, ya que los alimentos llegaban a lomo de mula y las personas se concentraban en los centros poblados principales para trasladarlos a otros municipios.

En ese entonces el tren solo llegaba a Nemocón, según el actual decano de la facultad de Medicina de la Uptc.

De acuerdo con lo que recuerda el investigador, en ese entonces en Europa y Estados Unidos el virus actuó en tres fases: abril de 1918, octubre de ese mismo año y volvió en abril de 1919, matando a casi 50 millones de personas, pues, además de la fuerza del virus, se mezcló con el fin de la Primera Guerra Mundial, lo que hizo que las principales víctimas fueran jóvenes en edad productiva.

Para el caso de Boyacá, el virus solo impactó en octubre de 1918 y coincidió con la temporada de lluvias, lo que hizo que fuera más fuerte el golpe en el territorio. Aquí las principales víctimas fueron los niños y adultos mayores. “En Boyacá duró tres meses la pandemia, que desapareció cuando volvió la temporada de verano. En lo que se logró establecer, se conoció que a mayor altura sobre el nivel del mar, había más riesgo de morir, es decir, Aquitania tenía tres veces más riesgo que Villa de Leyva, por ejemplo”, relató Martínez Martín.

De acuerdo con la investigación, para el caso de Boyacá se contabilizaron 784 muertes en la zona central del departamento, mientras que en el occidente o la provincia de Oriente (clima caliente) solo se habló de 80 muertes durante la pandemia. También aseguraron que las condiciones de pobreza y las dificultades para acceder al servicio de salud ayudaron a las consecuencias nefastas para los boyacenses.

Hace 102 años no había nada para combatir la pandemia y no se conocían medidas de seguridad para evitar el contagio. En ese entonces, según cuenta la historia, los boyacenses entraron en pánico: colegios, teatros y entidades cerraron sus puertas para intentar proteger a las personas. El sistema de salud colapsó.

Para ese entonces, Boyacá contaba con 25 hospitales que en su mayoría prestaban servicios básicos y no estaban dotados para atender un virus nuevo del cual se desconocía la cura.

En la actualidad se cuenta con organismos de vigilancia epidemiológica, como la Organización Mundial de la Salud que da indicaciones y protocolos que se deben seguir ante una pandemia; también se tiene como positivo el desarrollo de medicamentos antivirales y de posibles vacunas. “Seguimos con los factores de riesgo de 1918, como la altura sobre el nivel del mar, las bajas temperaturas asociadas a los fenómenos climáticos y las condiciones de pobreza, hacinamiento, contaminación ambiental y nuevas enfermedades”, concluye el documento.

En 1918 se le conocía también como la muerte púrpura, pues según relata el investigador Abel Martínez Martín, las personas se ponían moradas antes de morir. “Las autoridades no sabían qué hacer con la cantidad de cadáveres que se encontraban a diario”, aseguró.

Martínez y tres investigadores más de la Uptc publicaron sus hallazgos en el documento titulado ‘Análisis histórico epidemiológico de la pandemia de gripa de 1918-1919 en Boyacá, un siglo después’, en el cual indicaron que de las 20.000 muertes que se registraron en el periodo de la pandemia, solo 3.300 fueron registradas como causadas por la gripa.

“Las condiciones actuales favorecen una nueva pandemia. Los nuevos medios de transporte podrían aumentar la velocidad de transmisión de la infección. Se hace necesario conocer el pasado y las implicaciones en la mortalidad para evitar repetir los errores en el futuro”, dice textualmente el documento que recoge la investigación.

Según la investigación de la Uptc, desde 1173 se han registrado más de 300 epidemias de una enfermedad similar a la influenza, con un intervalo promedio de 2,4 años. Pero, fue solo con el desarrollo de los viajes, el comercio intercontinental y la expansión del capitalismo cuando apareció la primera pandemia conocida de influenza.

Antes de la pandemia, la gripa era una enfermedad conocida en Boyacá. Entre 1912 y 1917 se registraron 346 muertes por enfermedad respiratoria, la mayoría ocurridas en la zona centro del departamento y que afectó principalmente a niños y adultos mayores.

La investigación de la Uptc también apunta que entre 1919 y 1927 se encontraron 5.996 muertes relacionadas con gripa en Boyacá, lo que da un promedio de 666 anuales. El carácter de esta mortalidad retorna a ser estacional, con mayores manifestaciones en las temporadas de transición de tiempo seco a lluvia.

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