Aborto

Ninguna persona sensata podría afirmar que abortar es bueno per se. A nadie le gusta la idea de dar fin a una vida que se está gestando y que sufre las consecuencias de la irresponsabilidad, la ignorancia, de un acto criminal o de azares de la vida.

Pero más allá de lo que el sentido común nos impulsa a considerar como bueno o malo, lo cierto es que la mujer debe ser libre para decidir ser madre o no.

Si bien el escenario ideal para abordar este tema es el de la prevención, la despenalización del aborto, no solo en los casos establecidos en la sentencia C355 de 2006, es algo en lo que tiene que avanzar el debate en nuestro país. Si por lo menos estuviera demostrado que condenar mujeres genera la disminución o disuade de la práctica, habría un punto importante para ponderar.

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Pero la realidad es que la penalización no reduce la práctica del aborto y por el contrario obliga a las mujeres a acudir a los procedimientos clandestinos en la ilegalidad, exponiendo su salud y hasta sus vidas.

Además, ¿se justifica obligar a una mujer a dar a luz a un hijo no deseado por el motivo que sea , que desde su nacimiento va a padecer las consecuencias del desamor y del rechazo? Las creencias religiosas determinan en gran parte la posición que se asume sobre el tema; pero cada quien puede según sus propias creencias tomar decisiones sin pretender imponérselas a los demás.

La amenaza de la cárcel o del infierno y además el repudio social de quienes no conciben el aborto como una decisión autónoma y libre, termina llevando a muchas mujeres a traer al mundo a esos pequeños que en gran parte de los casos no tendrán las mejores condiciones de vida sobre todo en términos de afecto.

Y otros miles de mujeres no logran salir con vida del quirófano improvisado donde entraron para hacer valer su autonomía.