La defensa de lo público

Hace dos años en un editorial de Boyacá Siete Días se le planteó al Gobernador la posibilidad de vender el Hotel Sochagota de Paipa, que desde siempre le ha reportado millonarios dividendos a un particular e irrisorias ganancias a su propietario, el Infiboy.

Decía la nota que lo generado en esa venta (tal vez más de 25 mil millones) podría destinarse a la ampliación del aeropuerto de Paipa. El gobernador, Carlos Amaya, respondió que no, que la defensa de lo público era un principio de su administración y que la venta del hotel ni siquiera se contemplaría.

Suponemos que esta defensa fue la que llevó hace poco al Gobernador a retomar el monopolio de la producción y comercialización de los licores del departamento, una buena medida después de que durante 16 años ese negocio enriqueció a un particular.

La administración regional, con el gobernador de turno, tiene unos enormes retos en materia de producción, calidad, distribución y comercialización, pero el desafío más grande será evitar la burocratización y la corrupción en la Nueva Licorera de Boyacá, lo que sí sortearon los particulares que la operaban.

Es muy bueno que el Gobierno de Boyacá haya asumido el reto de demostrar que el Estado puede ser un buen administrador. Lástima que el Gobernador no haya hecho esfuerzo igual para recuperar también el Hotel Hunza y otros bienes como locales comerciales que desde hace décadas están siendo aprovechados por particulares.

Lo lamentable ahora es que el Gobernador sea el que insista en entregarle a unos particulares la operación de la nueva Terminal de Transportes de Tunja, una obra que costó 60 mil millones de pesos.

¿Acaso los gobiernos de Boyacá y de Tunja, que constituyeron una sociedad pública, no pueden asumir también el reto, demostrarnos que sí se puede y generar una rentabilidad? O ¿por qué el afán de hacer ese negocio a dos meses de terminar estos gobiernos? ¿Por qué no dejan que las nuevas administraciones de Tunja y Boyacá tomen esa decisión con cabeza fría?

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