El cuadro de la Virgen de Chiquinquirá ha sido sometido a exámenes radiológicos para certificar su autenticidad. La corona puesta en 1919 tiene 140 esmeraldas y 78 diamantes.

Imágenes como esta, hacen parte de la colección que ha logrado recopilar la comunidad de los Dominicos, sobre eventos de la época con la Virgen de Chiquinquirá. Foto: Archivo Comunidad Dominicana

En 1555 una Virgen del Rosario fue traída desde el viejo continente por los frailes Dominicos para que a Alonso de Narváez le sirviera de inspiración para pintar sobre una tela de algodón y con colores hechos a base de jugo de frutas y tierras de la región.

El cuadro mide 1.25 metros de ancho por 1.19 metros de alto y se empleó una técnica muy antigua conocida como el temple para lograr dibujar la imagen. Narváez pintó a San Antonio de Padua y el Apóstol Andrés por dos razones.

La primera para llenar los espacios sobrantes del lienzo y la segunda porque el pintor quiso agradecer con el nombre de sus santos a quienes promovieron la obra, el encomendero Antonio de Santana, quien le pagó 20 pesos y Andrés de Jadraque, el fraile dominico que le encargó el trabajo.

Entre 1578 y 1585 el cuadro estuvo abandonado, se rompió, perdió su brillo y las imágenes se borraron. Durante ese tiempo se utilizó para labores domésticas del campo entre ellas el secado de maíz y trigo en su tela de algodón.

Luego del milagro de la renovación en 1586 y después de 333 años, en 1919, monseñor Eduardo Maldonado Calvo dio la orden de llevar el cuadro a Bogotá para cumplir con el dictamen del papa Pío X para realizar su coronación como Reina de Colombia.

La corona y la aureola de Nuestra Señora forman una sola pieza en la que están incrustadas 140 esmeraldas y 78 diamantes de diferentes tamaños.

La corona del niño Jesús es más pequeña y sólo tiene 16 esmeraldas y 29 brillantes. El cetro de oro de la Virgen posee 18 diamantes y 22 esmeraldas, pesa 250 gramos.

El 9 de abril de 1986 el cuadro fue sacado sigilósamente para ser sometido a exámenes de radiología en el hospital San Salvador de Chiquinquirá.

En su análisis participaron médicos, radiólogos, una restauradora, una curadora de arte, una química y un fotógrafo.

El diagnóstico concluyó que el lienzo es original y que la pintura usada corresponde una mezcla de tierras, flores y plantas de la región. Según los frailes dominicos la Sagrada Imagen no ha sido nunca retocada por ningún pintor.

Según los Frailes Dominicos, decenas de restauradores han ido a Chiquinquirá a proponer la aplicación de una patina para darle más brillo. Sin embargo, este es cada vez más esplendoroso.

Por mucho tiempo el cuadro permaneció sin protección. Sin embargo, los mismos dominicos consideran un milagro que la tela haya soportado cientos de manipulaciones a lo largo de su historia. Hoy permanece en un camarín blindado.

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