No es una apología

Por: Catalina Pulgarín

Alan García, quien fuera dos veces presidente del Perú, se suicidó en el momento que llegaban los oficiales para conducirle a cumplir una medida privativa de su libertad (prisión preliminar).

En la carta que dejó escrita dijo que no se expondría a sufrir vejámenes, ni injusticias y que le dejaba la dignidad de sus decisiones a sus hijos y su cuerpo como muestra de desprecio a sus adversarios.

Con independencia de que el expresidente peruano hubiera o no cometido los actos de corrupción por los cuales lo investiga la justicia de su país, lo cierto es que el acto suicida motiva una reflexión sobre el anhelo de dignidad que hay tras él en muchos de los casos y que, dicho sea de paso, también justifica la eutanasia. No aceptar vivir una vida si no es en condiciones dignas, faculta legítimamente a tomar decisiones sobre la propia existencia.

Existe un derecho, no positivizado pero inherente a la condición humana (gracias a la conciencia de que está dotada nuestra especie), a disponer libremente de la propia vida. Ojalá en nuestro medio algún día podamos hablar sin tabúes, de eutanasia, suicidio asistido, y otras formas de terminación voluntaria de la propia existencia, y de la posibilidad de que esas decisiones sean inclusive auspiciadas por el Estado en determinados casos.

De todas maneras acto de valentía ante la muerte o cobardía ante la vida no son las únicas aristas del suicidio, también está la dignidad..