De opositores a mandaderos

Hay diputados y concejales que ejercen muy bien su función en la oposición: son como mastines que exhiben sus dientes para proteger los recursos públicos de los voraces apetitos de los gobernantes de turno.

No les importan las inclemencias de estar en las minorías, porque su recompensa está en el respeto que les brinda la ciudadanía por la función que ejercen de velar por los intereses colectivos. La oposición, bien ejercida, es como la flor que crece en medio del fango: sobresale en condiciones adversas y se convierte en símbolo de esperanza.

No obstante, cuando esos diputados o concejales pasan de la oposición a la bancada de gobierno, pierden su esencia y no saben cómo actuar. Es como si a un mastín se le pusiera bozal, correa, un tutú rosado y unos adornos en la cabeza. Ya no muestran sus dientes y, al contrario, se convierten en dóciles mascotas que solo van a recoger el palo que les lanza su amo, acción que repiten una y otra vez.

Es un espectáculo triste ver cómo estos concejales y diputados que realizaron una férrea oposición, terminan de mandaderos de alcaldes o gobernadores, quienes los ilusionan con que van a ser sus sucesores en el poder y ni siquiera les ayudan a conseguir los avales. Si usted conoce un caso parecido, no se burle de ellos: compadézcalos.