La Hepatitis C, una enfermedad que mata

La hepatitis C (VHC), a diferencia de las demás, no genera sintomatologías comunes como la coloración amarillenta.

La hepatitis C puede llegar a ser cónica y mostrar sintomatología hasta 20 años después de adquirida.

Miles de personas viven con la enfermedad por décadas. A pesar de que Colombia cuenta con la medicación requerida para tratarla, el problema radica en que la gente no sabe nada del tema.

Existen muchas clases de hepatitis, lo que para el común de la gente genera confusión, aún más, cuando solo se le presta atención a la enfermedad al evidenciar algún síntoma, por esto, algunas clases del virus como el de tipo C, para muchos son inofensivas. Esto ha prendido las alarmas de las autoridades sanitarias.

“Tenemos la cura, pero no los pacientes. la infección por el virus de hepatitis C tiene manifestaciones clínicas sutiles, casi imperceptibles para los médicos y los agentes de salud” explica el médico infectólogo Carlos Eduardo Pérez, jefe de servicio del Hospital la Samaritana y la Clínica Marly de Bogotá. Según el especialista, muchas personas infectadas viven sin saberlo con la enfermedad y por eso, el sistema de salud no tiene una referencia exacta de quienes la padecen.

No obstante, el experto afirma que si bien, esta enfermedad le puede dar a cualquier persona, existen factores de riesgo que permiten interpretar si se es portador. “El factor determinante más importante es haber recibido sangre o algún derivado sanguíneo antes de 1994, porque en esa fecha, las bolsas de sangre se colocaban y no había en el mundo la prueba diagnóstica de la hepatitis C.

Por ejemplo, el torero César Rincón tuvo la enfermedad porque en el 90, recibió una cornada en Palmira y le pusieron sangre contaminada, porque en esa época no había prueba diagnóstica de la enfermedad. Mi papá también fue víctima de esto”. agregó Pérez.

Estudios afirman que entre el 23 y el 44 por ciento de las personas contagiadas con el virus pueden llegar a eliminarlo espontáneamente de su cuerpo, pero, del 56 al 77 por ciento de quienes lo adquirieron, podrían mantenerlo y pasar a estado crónico.