Una de las herencias más valiosas que nos han dejado esos maestros de maestros, han sido sin duda esos ritmos, aires y tonadas que caracterizan a cada región de nuestro país.
El compositor, músico y productor Jorge Villamil, uno de los más importantes referentes de la música colombiana

Colombia es un país rico y prolífero en ritmos, aires y tonadas y cada región influenciada por su clima, costumbres y tradiciones posee un vasto legado musical que caracteriza la zona y une a sus pobladores en un solo sentimiento de arraigo y amor por su identidad.

Hablar de la música andina colombiana es recordar esos ritmos tradicionales que tienen que ver con un pasado de gloria cuando las estaciones de radio difundían las creaciones de Jorge Villamil, Pedro Morales Pino, José Alejandro Morales o Álvaro Dalmar, por mencionar apenas a unos de los compositores de este género.

Y cuando en la televisión colombiana se mostraban a grandes intérpretes como Jaime Llano Gonzales junto a los Hermanos Martínez en el programa ‘los Maestros’ , Jorge Barón hacia lo suyo con ‘Embajadores de la música Colombiana’, en tanto que Eucario Bermúdez, con su espacio ‘Tierra Colombiana’, acaparaba la atención de todos.

Los bambucos, pasillos y torbellinos sonaban en estaciones como Radio Nacional de Colombia, creada el 1 de febrero de 1940 durante el Gobierno de Eduardo Santos Montejo para fomentar la cultura del país, entonces las voces de Garzón y Collazos, el Dueto de Antaño y Silva y Villalba se convirtieron en el mayor referente de la época cuando la gente hacía alusión a este género como: “la música colombiana”.

Con la aparición de la frecuencia modulada (FM), la música de las costas pacífica y atlántica tomo mayor fuerza y el vallenato empezó a mostrase con más ahínco, pues se decía que esta música era alegre y la de cuerda triste y melancólica, pero aparece la música ‘carranguera’ que es una mezcla entre el bambuco fiestero, el merengue y la rumba corrida, propuesta por el juglar Jorge Velosa y canciones como “La Cucharita” se convirtieron en verdaderos símbolos, contradiciendo a los que afirmaban que esta música era nostálgica y aburridora.

Jorge Velosa Ruiz, uno de los juglares boyacenses y responsable de crear lo que se conoce como carranguera.

Surgen también los festivales como el Mono Núñez en Ginebra, Valle del Cauca, para convertirse en defensores del folclor y junto a este certamen llegan otros creados con el mismo objetivo de proteger, promocionar y salvaguardar estos repertorios. Y cuando todos creían que ésta era la música de la “tercera edad” aparece intempestivamente una nueva generación con una forma progresista de interpretar estos aires, tras las fusiones que logran amalgamas fascinantes entre estos ritmos y el Jazz o el bossa nova, a la vez que sobresalen los arreglistas con versiones que pusieron a “volar” a los interpretes en la ejecución de las consideradas “joyas emblemáticas” y las nuevas que se mostraban en los festivales como ganadoras en la modalidad de obra inédita.

A estos eventos acuden niños y jóvenes con arreglos frescos e innovadores y con una versatilidad interpretativa asombrosa, quizá también para desmentir a los críticos que aseguraban que la música colombiana era ejecutada y escuchada por “viejitos” y que no

tenía futuro. Los festivales incorporaron espacios para los niños y fueron creados concursos como el Cacique Tundama en Duitama el Cuyabrito de Oro en Armenia, el Encuentro Mateo Ibarra en Ginebra o el Zuhé de Oro en Sogamoso, mostrando a las nuevas promesas como protagonistas y propiciando el surgimiento de semilleros donde se educan y cultivan los llamados “relevos generacionales”.

Hoy los bambucos, pasillos, rumbas, la carranga, el vals colombiano, La guabina, el torbellino y la danza están más vivos que nunca porque los niños y jóvenes han tomado esta bandera asegurando larga vida para este género y hasta un trio de intrépidas mujeres se dieron a la tarea de crear “la Musa de Oro” para estimular a los compositores con la inclusión de “la alfombra roja para la música colombiana”, al mejor estilo de los Grammy o los Óscar que se realizan en Los Ángeles California.

Julieth Pesca ‘La carranguerita’, una de las representantes de la nueva generación de la música colombiana.

En la actualidad hay más de 30 festivales de este género en Colombia, unos realizados ininterrumpidamente y otros de manera intermitente a causa de la indiferencia del estado, sin embargo hay un puñado de “Quijotes” que trabajan por la permanencia de estos festivales donde no solo surgen cada día nóveles intérpretes, sino geniales compositores con interesantes aportes al cancionero de la patria.

Es oportuno entonces involucrar al sector privado mediante las figuras de la responsabilidad social y la exención de impuestos y que el gobierno nacional diseñe políticas públicas de largo aliento donde se obliguen inversiones por parte de los estamentos nacionales, regionales y locales a estos certámenes así como a los procesos formativos, todo esto en procura de garantizar el fortalecimiento del folclor, la siembra esperanzadora de talentos y la dinamización de la economía tras la llegada masiva de nuevos y renovados públicos.