La tradición del catolicismo consigna que la fiesta patronal se debe celebrar en la fecha asignada por el santoral o lista de santos, por eso éstas debían dar comienzo en la víspera del día del santo y se extendían por espacio de nueve jornadas y entonces las fiestas tenían una duración de diez días.

Si el alcalde no lleva a los artistas de renombre del momento, sin importar su costo, las fiestas son catalogadas como flojas o malas

Dicen los entendidos en estos temas, que, en la Iglesia Católica, así como en la ortodoxa, la veneración de los santos es una práctica común que se autorizó a partir del Concilio de Nicea (787 d.C.) donde los santos son considerados intercesores y protectores de los hombres y por extensión, de sus comunidades.

El patrono es el protector escogido por un pueblo o una congregación, ya sea un santo o las advocaciones o denominaciones complementarias que se aplican a la Virgen y a Jesucristo, que se refieren a determinado misterio, virtud, atributo; así como a momentos de sus vidas o lugares vinculados a éstos.

Sin embargo, a estas efemérides se sumaron paulatinamente otras actividades, como las cabalgatas, corridas de toros, festival de orquestas, ferias artesanales, mercados persa, competencias deportivas, ferias equinas, ganaderas, reinados y otra serie de eventos que, aunque dinamizan la economía de los pueblos, ponen en aprietos a los mandatarios locales por cuanto no hay bolsillo que resista los altos costos que demandan estos eventos.

Más aún cuando el gusto de las gentes por los artistas del momento es cada vez más exigente y las celebraciones religiosas pasaron a un segundo plano, para priorizar los grandes espectáculos, donde se invierten cuantiosas sumas de dinero en producción, adecuación de escenarios, logística, seguridad, publicidad y contratación de las ‘estrellas’ que son aclamados por los pueblos, para quienes el éxito de las fiestas lo determinan los artistas de renombre que se hayan contratado y el número de jinetes que hayan asistido a la cabalgata.

Unas se realizan con motivo de la celebración de la llegada del Niño Jesús al pesebre de Belén, otras a las que por estar enmarcadas en este periodo se les denomina aguinaldos, como los que se llevan a cabo en Tunja, Paipa, Garagoa o Chiquinquirá.

Las ferias que como la de Manizales, datan desde enero de 1952 y han sido inspirada en la feria de abril en Sevilla España, donde la columna vertebral es la tauromaquia, los carnavales como el de pasto y Barranquilla, que ostentan la declaratoria de “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”.

También los festivales culturales donde ahora además de los conciertos en auditorios y coliseos, se ubican tarimas en los parques principales, abiertas al público, para presentar artistas con marketing comercial y más de un centenar que son las de carácter institucional, a las que les conocemos como ‘fiestas patronales’, que son promovidas y lideradas por grupos de la comunidad que reciben el nombre de priostos.

En la mayoría de municipios el lío ha llegado al extremo que en los programas ni se incluye el horario de las misas del santo patrono.

Estas últimas, las fiestas patronales, están asociadas a la fecha de fundación de los pueblos y muy atadas a las creencias de la religión católica, por eso se construyen las capillas o ermitas, donde son venerados. Hasta esos lugares los pobladores que habitan la región y los que están fuera de su tierra natal, acuden masivamente cada año, para venerar a su santo patrono con celebraciones eucarísticas, procesiones, alboradas, coheteadas y vísperas de iglesia, donde los polvoreros hacen gala de su creatividad y experticia.

Sería entonces oportuno preguntarnos si realmente estas jornadas deben seguir llevando el nombre de fiestas patronales o más bien deben ser catalogadas como un festival de orquestas y unas ferias de exposiciones de carácter comercial, donde se realizan actividades conexas que, aunque ya se convirtieron en tradición, desvirtúan el carácter católico que dio origen a su creación. De todas maneras, el pueblo colombiano seguirá buscando cualquier pretexto para seguir durante los 12 meses de este 2019 en “modo fiestas”.