Llegó diciembre y con el doceavo mes del calendario llega también una de las tradiciones más antiguas y más queridas por los colombianos como son los aguinaldos.

Aguinaldo significa regalo y es la época más esperada por todos, justamente porque la espera de los regalos se vive al mismo tiempo que se anhela la llegada simbólica del niño Jesús.

No se tiene certeza sobre su inicio, pero desde el siglo XVIII la novena de Fray Fernando de Jesús Larrea, inculcó esa celebración. Los tradicionales juegos de aguinaldos, como el beso robado se resisten a irse.

Aún y pese a la influencia de costumbres de diferentes latitudes del mundo, promocionadas indiscriminadamente por las redes y las nuevas tecnologías, los amigos de la cuadra, los hermanos y familiares aún apuestan y juegan a “los aguinaldos” que deben ser pagadas en la noche del 24 de diciembre.

Entre los juegos más tradicionales se destacan, el “dar y no recibir”, que consiste en tratar de entregarle algo al competidor quien debe abstenerse de recibirlo; el juego del “sí y el no”, donde las personas que se involucran no pueden usar las palabras “sí” y “no” frente a los otros jugadores.

Y cómo olvidar el de “pajita en boca” que es el juego donde los apostadores deben permanecer todo el tiempo con algo en la boca, ya sea un pedazo de paja, una golosina o cualquier otro elemento y si alguno no tiene nada y es descubierto por su compañero de juego, pierde.

“Tres pies”, un juego que invita a estar atentos todo el tiempo con los pies unidos y el que se deje poner un pie en medio de los suyos, pierde y el otro gana punto. Otro de los juegos más tradicionales es el de “preguntar y no contestar” que consiste en que si alguna de las personas que están jugando le pregunta al otro algo, no se debe responder nada, si lo hace pierde y el otro va sumando puntos.

Y el juego que despierta el doble sentido muy propio de los latinos es el “beso robado” que consiste en que ninguno de los miembros del juego se debe dejar robar besos de sus compañeros de aguinaldo, quien se deje pierde y “mis aguinaldos”, eso es lo que se grita cada vez que uno de los involucrados pierde.

En tanto que los creativos buscan formas para divertirse sanamente, otros mantienen la tradición de las nueve noches para rezar y anunciar la llegada del Mesías entre frases y cánticos que conocemos como la “Novena de Navidad”. Todo esto acompañado de lo que en varias de las localidades de Boyacá se conserva con las fiestas culturales y tradicionales del 16 al 24 de diciembre es lo que se conoce como los aguinaldos.

El aguinaldo boyacense que hace Tunja

Los boyacenses celebran desde 1947 su tradicional Aguinaldo, cuando el agente de Policía Carlos Julio Umaña empezó a realizar desfiles por las calles de Tunja donde los policías salían disfrazados con vejigas de cerdo que azotaban con fuerza contra el piso, para recordar la tradición de los “negros de Noche buena”, en las que se golpeaban contra el suelo produciendo un sonido que asustaba a los que asistían a los desfiles.

Aún se recuerda el pánico de los niños que, sentados en los hombros de sus padres, lloraban despavoridos cuando un “diablo”, o un “matachín” se acercaban a la fila con sus vejigas para golpearlas contra el suelo con escandalosas carcajadas.

Las carrozas nocturnas en Tunja, son el principal plan entre el 16 y el 22 de diciembre porque integran y muestran la alegría de fin de año.

Pero desde 1936 a toda la festividad se le había agregado un baile llamado “Alma Boyacense” junto al cantante el “Loco” Gustavo Quintero.

Con una tradición de más de 200 años

Cuentan los abuelos que en el municipio de Mongua, por ejemplo, los matachines y diablos llevan más de 200 años y que fue una costumbre pagana heredada de los españoles como parte de los llamados aguinaldos.

En municipios como Mongua, ya es tradicional la concurrencia de propios y visitantes atraídos por los disfraces del aguinaldo.

Pero no es una costumbre típica de esta localidad, en por lo menos 50 municipios del departamento aún se conserva esa herencia cultural, solo que de acuerdo a la región se agregan o se cambian algunas de las características, lo importante es disfrutar y recuperar o mantener esa tradición de nuestros antepasados, que precisamente por lo curiosa se resiste a desaparecer.