Si de algo nos acordamos de aquellas imágenes de la infancia, es de las idas a los teatros municipales en familia para asistir a matiné, vespertina y luego con los años poder invitar a una conquista al cine en la noche, claro en algunos casos con el papá o el hermano mayor en la silla de la mitad.

El día domingo era el más esperado porque el Teatro abría sus puertas en esas tres funciones: matiné para los más pequeños, vespertina con hasta triple función para los más grandes y noche, cuando la adolescencia rondaba “los años mozos”.

Unos de los mayores referentes de esta clase de auditorios municipales es Milán, pero en nuestro país una de las ciudades pioneras en esta clase de recintos fue Bogotá, con el Teatro Colón, con una arquitectura italiana en forma de herradura y una dotación tecnológica que lo convirtió en uno de los más hermosos del mundo.

Cali con su Teatro Manuel María Buenaventura, Barranquilla con el Almira Rosa, el Romano de Cartagena, el Santander de Bucaramanga, el Lido en Medellín y así en cada ciudad.

La capital de los boyacenses no fue ajena a esa tradición y en su centro histórico eran varios teatros los que congregaban a los aficionados al cine o a los amantes de la lírica, la zarzuela y la buena música, especialmente en los inicios del Festival Internacional de la Cultura, que ocasionó el encuentro de grandes compañías de la música, el teatro y la danza, provenientes de diferentes partes del mundo.

Cómo no recordar los tiempos dorados del romanticismo en Tunja y esas gratas jornadas en la realización del Concurso de la Canción Santo Domingo de Oro, el Concurso de la Canción de Radio Única, las eliminatorias de la Nueva Estrella de las Canciones de Jorge Barón. Y qué tal las temporadas cinematográficas con las películas de Cantinflas, El Santo y los filmes mexicanos que marcaron la pauta en la época y congregaban tanta asistencia, que incluso se convertían en congestionadas e interminables filas para asistir.

No había evento social o cultural de capital importancia, que no fuera realizado en este Teatro y en sus muros, hoy remodelados, se guardan el eco de grandes conciertos y espectáculos, que le dieron a Tunja ese reconocimiento en la cultura.

Lo mismo ocurrió en Duitama con el Teatro Suárez y el Duitama, en Paipa con el Teatro San Marcos, en la ciudad del Sol y del Acero con el bello Teatro Sogamoso, que fue recuperado y hoy día es una verdadera joya arquitectónica de la ciudad, considerado como una réplica del Colón.

Pero con la llegada del betamax y luego los televisores de alta gama, el internet y otras tecnologías, los teatros empezaron a perder seguidores y aparecieron las tiendas de videos donde se alquilaban las películas en formato beta para disfrutar del “séptimo arte casero”.

Los simbólicos espacios municipales empezaron a quedar solos, hasta llevar a la quiebra a sus administradores. Muchos de ellos continúan cerrados y se desmoronan a pedazos y otros abren cada vez que algún empresario los requiere y los arreglan con algunas manos de pintura.

En este momento se tiene abierta la convocatoria para la contratación de los servicios de un administrador, ingeniero de sonido, luminotécnico y un tramoyista para el Suárez.

Pero no todo es nostalgia y tristeza, porque luego de muchos años de abandono, el Teatro Suárez de la capital boyacense vuelve a abrir sus puertas, pero esta vez con un look moderno y una tecnología de punta, que lo ponen a la vanguardia en la región, gracias a la obsesión del mandatario de esta ciudad Pablo Emilio Cepeda Novoa, en recuperar este legendario lugar y ponerlo nuevamente al servicio de la cultura de la capital boyacense.

Lo sucedido en Tunja es un ejemplo para el país y un mensaje claro para que los mandatarios hagan esta clase de gestiones y les devuelvan a sus comunidades estos espacios tan necesarios para las actuales generaciones, que merecen acercarse con urgencia a lo estético, al arte, la cultura, volver al teatro en familia.

El teatro, un sitio para disfrutar del arte en todo su esplendor, recuperar los íconos identitarios y entender que si bien es cierto la tecnología nos lleva a su ritmo, aquellas jornadas donde el espíritu se enaltece, son determinantes para el crecimiento intelectual y humano de cualquier sociedad.

¡Aplausos para el mandatario de los tunjanos!

El alcalde Pablo Cepeda ha estado al tanto del mínimo detalle de este ícono de la cultura en la ciudad