Descenso Esperado

El regreso fugaz del Boyacá Chicó a la máxima categoría de fútbol fue un camino de espinas: A los malos resultados, frente a los cuales no se tomaron correctivos, se le agrega el nulo apoyo gubernamental y los pésimos arbitrajes.

El descenso a la B y su pronto regreso a la A fue calificado como un gran triunfo cargado de todos los calificativos de hazaña, reconocimiento para la institución y para quien más sabe de fútbol, Eduardo Pimentel.

Pero todo eso fue como la luz de un relámpago, inmediata y pasó. Tan pronto comenzó la Liga iniciaron también los malos resultados que muy pronto ubicaron al equipo último en la competencia; jornada tras jornada desnudaba la pobre actuación de Boyacá Chicó y todos los comentarios le apuntaron al cuerpo técnico.

Y mientras los rivales de descenso tomaron medidas cambiando sus técnicos, eso no fue visto ni escuchado para tomar decisiones oportunas. Pecó Pimentel por actuar con el corazón, cuando se requiere la razón. Y se agrega la falta de compromiso del gobierno de Boyacá.

Es lamentable el pobre apoyo al fútbol (incluyendo los dos equipos). El Gobernador va al estadio aprovechando el escenario solo cuando le conviene. Y capítulo aparte merece el arbitraje y eso sí que hace daño; muchos aconteceres dieron para influir en los resultados. Los vetos y las represalias contra el equipo boyacense iniciaron desde 2008 y lo terminaron afectando.

El descenso no es tan doloroso porque desde el comienzo de la Liga aparecieron esos caminos espinosos, que fueron preparando durante todo el año el desenlace fatal para aquellos seguidores que le fueron cogieron cariñito al equipo y para quienes disfrutamos de ese hermoso deporte llamado fútbol. Se descendió, pero los mejores días, estamos seguros, están por venir.