Desmitificar los conceptos que por años han hecho parte del acervo popular no es tarea fácil, más aún cuando los temas del folclor que traducen “el saber del pueblo”, legitiman como propias ciertas creencias, mitos, leyendas y tradiciones pasadas de generación a generación.

En chiquinquirá, cada año se rinde tributo a la guabina, en un evento que se toma la ciudad y en el que participan niños, jóvenes y adultos.

Pero resulta interesante por demás ahondar en estos temas cuando nuestro medio informativo Boyacá Sie7e Días inicia a partir de hoy el contenido de esta página dedicada al arte y la cultura como un mecanismo que además de difundir y promocionar las manifestaciones del espíritu, haga pedagogía y aporte al devenir cultural de nuestras generaciones.

Por ejemplo, la tradicionalmente llamada Guabina Chiquinquireña fue escrita por Alberto Urdaneta en abril de 1925 como regalo de bodas para su hermano quien contraía nupcias en Chiquinquirá, y se interpretó por primera vez el día 10 de abril en Ubaté y el 12 de abril en la basílica de nuestra señora de Chiquinquirá.

Pero donde realmente está la controversia no es en la letra del autor de Ubaté (Cundinamarca), sino en la composición musical de Daniel Bayona ya que aunque el fraseo y la forma literaria usadas a la hora de escribir son determinantes para la creación de la música en una obra, en este caso el contenido hecho por su autor nos transporta a uno de esos idilios campesinos cosechados en romerías donde se expresaba el amor de manera sublime y con sumo respeto como son realmente todas las frases de esta canción y la música sabe más a Bambuco que a Guabina.

Y es que cuando hablamos de guabinas debemos recordar que existen varias clases de ellas marcadas o determinadas por cada región, así entonces están: la “Guabina Cundiboyacense”, de los departamentos de Boyacá y Cundinamarca, la “Guabina Veleña”, también llamada “Guabina Santandereana”, de la provincia de Vélez en el departamento de Santander la “Guabina Tolimense”, conocida como “Guabina Grantolimense”, de los departamentos de Huila y Tolima y cada estilo guabinero es determinado por la forma de sus giros melódicos y armónicos, así como hay algunas diferencias entre el Bambuco fiestero, el Bambuco Cundiboyacense, el Bambuco montañero y hasta el Bambuco Yucateco que se hace en Mérida Yucatán tras la investigación del desaparecido “Pastror Cervera” o el Tachirense de Venezuela.

Aquí la diferencia

¿Cómo se marca la Guabina?

Su acompañamiento rítmico-armónico no es muy diferente al del torbellino, solo hay que tener en cuenta la armonía, que en la guabina no siempre es tan simple como en el torbellino, incluso la métrica es también en 3/4.

¿Cómo se marca el Bambuco?

Ha habido dificultades sobre su métrica, algunos aseguran que es 6/8 y otros en 3/4, lo cierto es que su melodía y acompañamiento rítmico van variando entre ambas métricas dando saltos entre copases en subdivisión ternaria y binaria. De ahí quizás la razones de unos y otros y en especial de quienes aseguran que la Guabina Chiquinquireña no es guabina sino Bambuco, tal vez porque La Guabina es en 3/4 y el Bambuco en 6/8 y/o en 3/4 con el acento desplazado al segundo tiempo.

Sea guabina o bambuco, lo cierto es que esta obra es el himno folclórico de los Chiquinquireños y una de las más emblemáticas del pentagrama en la música andina Colombiana. Recordemos algunos apartes de este idilio amoroso. “Si, si, si, dulce y bella noviecita Niña de mi corazón Vamos a ver a la Virgen Y a pedirle protección A rogarle con fe viva que bendiga nuestra unión A rogarle con fe viva que bendiga nuestra unión”.

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